La elegante dama que se acercaba parecía una buena oportunidad para pedir limosna. Ensayé varias sonrisas para complacerla recordando las palabras de la abuela: –Chaval, no se cazan moscas con vinagre. No es que entienda bien pero si las moscas son como yo, seguramente no beberán vinagre. Al pasar a mi lado le dije con voz segura (la abuela dice que ser plañidero ahuyenta a la gente, tampoco entiendo bien pero parece que no debemos llorar en público) y nat...
La noche me envolvía en sus susurros, la hojarasca del tempranero otoño crujía bajo las desgastadas suelas de mis zapatos mientras un lejano cuclillo ambientaba con su melancólico reclamo el añil del firmamento. Los recuerdos se agolparon en estampida y entonces golpeó el dolor de la soledad doblando mi espíritu con el impacto de un cansancio de vivir irremediable y artero que se fundía en la agonía de una tormenta de congoja dejando un vacío ...
Los últimos rayos del sol se apresuraban por debajo del horizonte... De pronto despertó, no podía recordar nada, un inmenso vacío parecía ser el único habitante de su mente. El gusto pastoso que atenazaba las profundidades de su boca y se prolongaba hasta más allá de la garganta se imponía con primacía por encima de toda otra sensación. Se asombró del incómodo bienestar que se expandía por todo su cuerpo. Estaba completo, contenido pero… insatisfecho. Tenía sed. Como un destell...
Ricardo es un fanático del ajedrez, su tiempo se divide entre el que dedica a pensarlo, el que dedica a prepararlo y el que dedica a jugarlo. Sabe que su afición es rica en conocimientos y pretende obtenerlos todos a corto plazo. Hoy se encuentra enfrentado, como de costumbre, a un tablero devastado y arrinconando al rey oponente con su alfil y un peón. La sombra de tablas oscurece su discernimiento, observando las pocas opciones que le brinda su bando murmura desalentado: Un cab...
La tierra, yerma y estéril, se desplegaba por interminables distancias. Su cuarteada superficie hablaba de soledad y quietud. La entropía absoluta reinaba; única consorte de un inútil existir sin futuro. El cálido aliento de una brisa pesada y desvalida se desplazaba indolentemente por todo el reino y el sueño de la inexistencia parecía tomar consistencia en su vaporoso hálito. El tiempo perdió sentido y su vector dejó de ser reconocido por diferencias entre instantes continuos. Sol...
–El infierno no existe, –dijo el agnóstico. –Entonces, ¿para qué existe el dolor? –preguntó el filósofo. © 2008 balmyz.
Metí la mano en el bolsillo; además del grillo que adopté anoche encontré la moneda de diez céntimos que me dio el abuelo, estaba algo embadurnada por el dulce de manzanas del apfelstrudel que me sobró del desayuno servido por la abuela pero en perfectas condiciones de uso. Volví a mirar la enorme canica de vidrio que me observaba como un gran ojo solitario y triste. Sentí una inmensa pena por su soledad, aplasté la nariz contra el vidrio del escaparate y le pregunté: ¿Qui...
Como parte del mismo silencio inicial y sin solución de continuidad los suaves acordes musicales que provienen del pozo de la orquesta comienzan a llenar los espacios del silencio y la expectativa trae aparejada un ansia imposible de colmar. Beniamino susurra las primeras palabras de “E lucevan le stelle”: el tenue caminar de Floria sobre la arena, el crudo rechinar del portillo del huerto, la insoportable espera del encuentro y el febril m...
...El silencio en mi mente me despertó. ¿Estoy dormido todavía?, me pregunté, luego vi la luz del día filtrándose por las ventana y escuché los acostumbrados sonidos de la casa, pero... ... en mi mente: SILENCIO. Una quietud aterradora, ni siquiera una sola nota de «Vesti la giubba» o «E lucevan le stelle» en la tembleque voz de Elfo. Luego de tanto tiempo con él viviendo allí adentro me acostumbré a toda la conmoción que produce este incontrolable bribón...
Elfo se sentó cómodamente entre dos de mis mejores pensamientos. Desde que lo encontré viviendo en mi mente siempre usa los mejores sitios para ubicarse. –Bien –dijo–. Adelante y cuéntame acerca del electrón accidental. Casi le apunto a su error diciendo: –¿De modo que no sabes nada acerca de ello? –pero sabiendo que encontraría una respuesta para corregir el error, decidí seguir adelante, ordené mis pensamientos, esquivé su cuerpo, tomé el pensamiento de la izquierda y a...