Hemos esperado a que las gentes de Castejón se fueran al campo para entrar en batalla. Guardaron mal su puerta, demostraron cobardía y al menos 15 lanzaron contra nosotros, pero Rodrigo me obligaba a hacer fintas y así nos íbamos librando de ellos. Este trance nos ha traído muchas riquezas: a lo que sacamos de Castejón se suma lo que ha traído Álvar de Guadalajara, pero Rodrigo no parece contento. El mal Rey Alfonso sabe ahora qué brazo ha perdido, y, si no lo sabe, su amigo el Rey de Tole...