Y, como dije en el anterior post, voy a utilizar sólo una parte de la imagen para hablar de un detalle de la vida y de la tecnología azteca. Algo que hoy es difícil de ver... aunque si buscamos un poco lo encontraremos. Luego os digo dónde.
Los antiguos habitantes de Tenochtitlán se encontraron con un problema realmente grave: la falta de tierra firme donde cultivar y construir. La ciudad surgió en un pequeño islote del lago Texcoco, allá donde el águila se posó sobre un nopal. Un islote pequeño para una pequeña población humana, pero diminuto cuando esta población creció, se hizo más pujante, y se estableció allí un centro ceremonial tan impresionante como el que refleja el fresco de Rivera. Con semejante problema de suelo, ¿cómo encontrar lugares para el cultivo? Sencillo. Cultivando en el agua.
Los mexicas inventaron una forma de crear islas artificiales que se llamaron (y se siguen llamando) chinampas. Una chinampa es un islote artificial de más o menos dos metros y medio de ancho y una longitud media de 30 metros (las había más grandes). Las podemos ver, pintadas por Rivera, a la derecha de la calzada.
Las chinampas se construían entrelazando cañas hasta formar una balsa, que después se fijaba al fondo del lago con troncos. Sobre la balsa se depositaba tierra abundante, donde se realizaba el cultivo. El maíz, el amaranto, los tomates, los chiles y los frijoles eran cultivados de esta manera, en huertas flotantes. Con el tiempo, la ciudad entera quedó rodeada de chinampas, que formaban una enorme superficie de cultivo capaz de satisfacer hasta dos tercios de la demanda de alimento vegetal de los habitantes.
Hoy en día todavía podemos encontrar chinampas, pero sólo en un sitio muy concreto de la Ciudad de México: en Xochimilco. Allí, en un entorno paradisíaco, se siguen cultivando flores sobre chinampas, entre las cuales navegan esas pintorescas barcas frecuentemente pobladas de mariachis. Una estampa que parece folklórica pero que enraíza profundamente en la historia y la tradición del pueblo mexica.
Bueno, pues lo prometido es deuda y estoy aquí tras varios meses de inactividad. Lo siento, muchos compromisos laborales y poco tiempo libre... la excusa de siempre, ¿verdad?
En realidad, he de reconocer que tengo una cierta "sequía" de temas, por el miedo a no repetirme demasiado. Pero hoy, al entrar en Kalipedia, una foto me ha inspirado. Es ésta...
Se trata de un fresco del pintor mexicano Diego Rivera que muestra la antigua ciudad de Tenochtitlán, antes de que los conquistadores españoles la redujeran a escombros y comenzaran a construir encima la actual Ciudad de México. El fresco me ha recordado mi visita a la capital mexicana (hace ya unos años...) y, concretamente, el conjunto de frescos de Rivera, en el Palacio Nacional. Este hermoso edificio se encuentra en el corazón de la ciudad, en el llamado Zócalo, la enorme plaza en la que también está la Catedral Metropolitana. Alrededor de un gran patio central, Rivera pintó escenas de la historia de México, desde los tiempos de las antiguas culturas mesoamericanas hasta el siglo XX, pasando por la conquista, la revolución...
De todas estas escenas, las que más me fascinaron fueron las dedicadas a las culturas precolombinas. En los muros del palacio Rivera plasmó la vida en aquellos tiempos con una fuerza inigualable. Los gobernantes, la gente del pueblo, los edificios, las ciudades, las costumbres. Allí están los embajadores de distintos pueblos, que se encuentran y hablan en presencia de los jefes, los recolectores de cacao, los danzantes concheros, los voladores de Papantla, ejecutando acrobacias que aún hoy podemos ver en las fiestas de las ciudades mexicanas. Son fotografías en vivos colores de antiguas civilizaciones.
Si tuviera que elegir uno de los frescos, me quedaría con éste de Tenochtitlán, la impresionante ciudad de los mexicas. El fresco refleja perfectamente su ubicación en el centro del lago de Texcoco (que, por cierto, aún está bajo la ciudad y es responsable de la inestabilidad del suelo y de que algunos edificios, entre ellos la catedral, se hundan poco a poco). Refleja también a la perfección el entorno volcánico, con esos cerros de forma tan curiosa y, al fondo, la masiva silueta del Popocatépetl. Y muchos más detalles. Tantos que, de hecho, creo que voy a hacer algún post más aprovechando sólo alguna parte de la imagen.
Cualquier viajero que se acerque a la capital mexicana puede comparar esta imagen con la que se aprecia desde el mirador de la Torre Latinoamericana, una visita imprescindible. El entorno natural es el mismo que pintó Rivera (aunque no es fácil verlo por la contaminación), pero las construcciones han cambiado mucho. A los pies de la Torre se extiende la ciudad más poblada del mundo, una inmensa extensión cubierta de edificios, ruidosa, encantadora. Pocos restos quedan, en esta masa urbana, de lo que fue la capital del imperio azteca. Estos restos, y los testimonios de artistas como Rivera, son auténticos ecos de un mundo perdido.
Sobre este blog...
Bien, me propongo hacer un blog... ¿de qué tema? Me gusta viajar, me gusta la Historia... pues la elección es obvia. Lugares donde sentir el peso de la Historia. Donde pisar las mismas piedras que nuestros antepasados. Donde percibir la combinación del paso del tiempo y la pervivencia de las sensaciones.
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