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Lugares con Historia

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Pues vaya con la loba | 10 de Julio 2008

El símbolo de Roma, la loba capitolina, una estatua de bronce conservada en los Musei Capitolini de la capital italiana, ha resultado ser un fiasco. Según un análisis recientemente realizado (pero que ha tardado un año en ser difundido por las autoridades), la estatua fue realizada en plena Edad Media, entre los siglos VIII y XIV de nuestra era.

Al parecer, ya existían ciertas sospechas, dado que algunos expertos habían anunciado que la técnica de fundición aplicada en la estatua no era conocida en la Antigüedad, concretamente en el período etrusco, al que se suele asociar esta representación de la "loba madre" romana. Es decir, siglo V a.C. Esta sospecha surgió hacia el año 2000, cuando terminaron los trabajos de restauración de la estatua.

¿Tiene importancia la noticia? Bueno, en realidad la auténtica edad de la loba capitolina estaba en tela de juicio incluso antes de la restauración. Por supuesto, era bien conocido que los gemelos Rómulo y Remo que se alimentan de sus mamas, habían sido añadidos en época renacentista, pero también se sospechaba que la loba podía no ser una escultura etrusca.

La clave es: ¿existió una loba capitolina previa? Es decir, ¿alguien, en la Edad Media, decidió realizar este bronce inspirándose en una antigua representación etrusca o romana? Puede ser, es posible, de hecho es una práctica muy común en la historia del arte. Hay que recordar que los propios romanos se dedicaban a realizar muchas copias de estatuas griegas, y gracias a ello hoy tenemos constancia de la existencia de dichas estatuas, ya que las originales se han perdido.

Es muy posible que en época romana existiera una representación, digamos "estándar", de la loba, ya que su legendaria historia está ligada a la fundación de la ciudad de Roma. Recordad que la leyenda cuenta que Rea Silvia, hija del rey Amulio, dio a luz a dos gemelos, Rómulo y Remo, como consecuencia de un encuentro íntimo con el dios Marte. Como la mujer era una virgen vestal (su padre la había recluido en el templo de las vírgenes para evitar que tuviera hijos y así aparecieran competidores en el trono), el rey hizo que los gemelos fueran abandonados en el río Tíber. Allí, la loba Luperca los encontró y los amamantó, evitando que muriesen de hambre y frío. Poco después fueron recogidos por un pastor y su esposa. Como sabéis, los gemelos fundaron Roma, aunque tras una disputa, Rómulo mató a su hermano y se convirtió en el primer soberano de la ciudad. Eso sucedió en el año 753 a.C. Conocemos bien esta fecha porque en ese momento comenzó el recuento del calendario romano: recordad que los antiguos romanos contaban el tiempo desde la fundación de su ciudad. Ese sería el año 0 ad urbe condita.

Pues nada, que ahora resulta que ese poderoso símbolo, esa magnífica estatua con aire arcaico, que parecía proceder de aquellos remotos tiempos, es un producto de la Edad Media. Bien, pues qué le vamos a hacer. La verdad es que a mí me incomoda un poco... me gusta mucho esta estatua y me dedico a fotografiarla siempre que puedo, en diversos lugares. Por ejemplo, hace poco hice una foto de la copia que hay a la entrada del circo romano en Tarragona. Bueno, al menos sí puedo garantizar que la de Tarragona es moderna. Allí no me engañaron...

Una increíble perspectiva | 07 de Abril 2008

Hace tiempo me propuse hacer unos cuantos posts sobre lugares diversos antes de volver a mi querida Italia, pero veo que no va a ser posible. Roma me llama con insistencia debido a un descubrimiento curioso en internet: una página web de una empresa, llamada Hal9000, que se dedica a captar imágenes de obras artísticas con una altísima resolución. En su página web (ver sección de vínculos...) se pueden admirar, gracias a un visor especial, los más ínfimos detalles de obras de arte como la Última Cena de Leonardo o como la que hoy quería comentar, el fresco del techo de la iglesia de San Ignacio de Roma. Se trata de imágenes con más de 10.000 megapíxeles.


La página de Hal9000 nos ofrece la contemplación de uno de esos lugares de Roma asombrosos y no muy conocidos. Una más de los cientos de iglesias que pueblan la capital italiana, y concretamente una de las que no son especialmente notables por su exterior. Se encuentra en una plaza cerca del Panteón y todo el mundo debería visitarla para encontrar uno de los frescos más sorprendentes del mundo.

El pintor Andrea Pozzo (1642 - 1709) culminó en 1685 el encargo de decorar el techo de la nave de la iglesia con un fresco que representaba a San Ignacio de Loyola en la gloria. El genial pintor realizó un inmenso trompe-l'oeil, un cuadro que engaña a la vista y que, apreciado desde un punto concreto de la iglesia, hace creer al espectador que la arquitectura interior de la misma se prolonga hacia el cielo y deja ver al santo en la gloria, rodeado de ángeles.

El efecto es increíble, asombroso. Pero no es el único que podemos apreciar en esta curiosa iglesia. Desde el centro de la nave se puede ver una cúpula que, en realidad, no existe. Es otro fresco. Se dice que la construcción de esa cúpula estaba prevista, pero que finalmente no se llevó a cabo debido a las protestas de los vecinos, que no querían otra enorme cúpula que les tapase el sol... y es que bastantes cúpulas había ya en Roma para tener otra más.

Rincones de Roma | 17 de Diciembre 2007

Este fin de semana he tenido la ocasión de visitar la exposición sobre Roma (titulada Roma - SPQR) en la Fundación Canal de Madrid. Ello me ha inspirado el tema de este post. En la exposición se pueden ver muchas maravillas, grandes obras artísticas. Pero yo, a veces, prefiero la "arqueología menor" de las cosas pequeñas, los insignificantes objetos que nos transmiten algo sobre sus dueños o los lugares donde habitaron personas comunes. De esto trata, precisamente, este pequeño comentario. Pero preparaos, porque la introducción va a ser larga y pesada.

En la foto podéis apreciar la que, sin duda, es mi área favorita de Roma. No por nada en especial, porque la capital italiana es tan rica en tesoros que cualquiera de sus esquinas podría ser mi área favorita. Pero esta fue la que visité en primer lugar, la primera vez que estuve en esta ciudad. Por eso tengo especial cariño a este "barrio" tan especial. Por cierto, gracias, Google, no sé qué haría sin ti...

Bien, pues quien conozca Roma identificará rápidamente los monumentos que os muestro. Yo siempre he pensado que en Roma hay dos tipos de visitas. Las de las grandes vistas y los maravillosos monumentos, y las de los detalles. Pues bien, aquí hay tres grandes vistas: el famoso Vittoriano (círculo rosa en la imagen), las ruinas del Foro de Roma (verde) y la plaza del Campidoglio (azul). El primero de ellos, el monumento a Vittorio Emanuele II, es un inmenso edificio, mezcla entre máquina de escribir antigua y enorme pastel de boda, cuya principal función, creo, es la de servir de punto de orientación para la visita de todo este barrio. Y lo utilizaremos como tal. A la derecha del Vittoriano se encuentra la escalera de la iglesia de Ara Coeli, y un poco más allá, la entrada a la plaza del Campidoglio, el espacio urbano más bello y perfecto de todos los tiempos, diseñado por el mismísimo Miguel Ángel y presidido por la estatua del emperador Marco Aurelio. Y, entrando en la plaza y pasando los Museos Capitolinos, la más maravillosa y evocadora vista que nos ofrece Roma: los restos de los foros imperiales.

Cualquiera de estas maravillas merece una visita, pero hoy me voy a detener en dos pequeños detalles. El primero está marcado con un punto amarillo y es la Via dei Fori Imperiali, una gran avenida que atraviesa los restos arqueológicos y une el Coliseo con la Piazza Venezia. Elegante, pero destructora vía que debemos a Benito Mussolini, cuya mente imaginó un gran paseo en el que se pudiera contemplar la grandeza de la Roma Antigua. Y, para recalcarlo, hizo poner en una pared cuatro mapas en mármol que explicaban la expansión del antiguo Imperio Romano, desde los orígenes hasta el momento de máxima amplitud del Imperio, con Trajano. Creo que el quinto mapa estaba destinado a mostrar el imperio italiano bajo el yugo fascista... pero no sé si esto lo he leído, o me lo han contado. No lo puedo asegurar, aunque me parece coherente.

El segundo de los detalles es el que más me fascina. Se trata de unas ruinas situadas entre el Vittoriano y la escalera de Ara Coeli, y que he marcado con un punto rojo en la imagen. Es increíble, pero allí, entre todos estos enormes monumentos, están los restos de una ínsula romana. Sí, una antigua edificio de viviendas, de las que eran comunes en la antigua Roma -donde, obviamente, el precio del suelo era tan prohibitivo como en la actualidad. Las ruinas permiten apreciar que se trataba de una ínsula de cinco pisos que tenía una taberna en el nivel inferior, una entreplanta más o menos amplia y, por encima, varias plantas de viviendas en las que probablemente la gente tenía que entrar agachándose (o bien, como sospecho, eran más bajitos que los italianos actuales).

La conservación de la ínsula, como en muchos casos, se debe a la casualidad. Parte de sus muros se utilizaron para la construcción de una iglesia y, de hecho, se conserva parte de su decoración (unos frescos del siglo XIV, visibles y a la intemperie...). La iglesia ya no está, pero la ínsula permanece. Un magnífico regalo de Roma.

Podéis encontrar más información en la web que os indico en la sección de enlaces. La verdad es que la ínsula merece la pena, y es una de estas sorpresas que nos esperan en todos y cada uno de los rincones de la Ciudad Eterna. Por otra parte, me sirve para demostrar que, como dice la gente que me conoce, mi cabeza está llena de datos irrelevantes pero curiosos. En este caso, un pequeño detalle en una ciudad llena de grandes detalles.

A la sombra del volcán | 17 de Octubre 2007

Una imagen inolvidable. En primer plano, las ruinas de Pompeya (Italia); al fondo, el volcán Vesubio. El causante de su destrucción, pero también responsable de que la ciudad haya llegado hasta nosotros, como un fotograma de lo que fue la vida en los mejores tiempos del Imperio Romano.
Viajar a Pompeya puede no ser recomendable... si deseas seguir disfrutando de otras zonas con ruinas romanas. Porque, después de tu visita a esta increíble ciudad, todo lo que veas en otros lugares - incluso el mismísimo foro de Roma, con el Coliseo - te va a parecer muy poca cosa. Recorrer Pompeya no es visitar un conjunto de ruinas clásicas: es pasear por las calles de una ciudad, entrar como un invitado en sus casas, descubrir las tabernas donde sus habitantes reponían fuerzas, incluso leer anuncios publicitarios de la época en las fachadas. En todo momento la ciudad te absorbe de tal forma que parece que has retrocedido en el tiempo. Es tan grande que desde sus calles apenas se ve un signo de la civilización actual: te encuentras rodeado y sumergido en la ciudad romana, en la vida de los antiguos romanos.
Se puede llegar a Pompeya vía Roma, pero lo más recomendable es alojarse en Nápoles o, mejor aún, en alguna pequeña ciudad cercana (Sorrento, por ejemplo). Desde Nápoles y desde Sorrento se accede casi a la misma puerta de la ciudad en un tren de cercanías denominado Circunvesubiana (la "Vesubiana" que dicen los lugareños). La estación es Pompei Scavi, y se encuentra a escasos cien metros de la entrada al recinto arqueológico. Adquirido el tíquet, podemos acceder a la ciudad a través de la Porta Marina y subiendo una pequeña cuesta bajo un arco. Este arco es como un túnel del tiempo: al salir a la luz estamos entre la basílica y el templo de Diana. En plena época romana.
Los grupos de turistas apenas pasan dos horas en Pompeya (es muy habitual salir de Roma de madrugada y visitar en el mismo día Pompeya, Nápoles y Capri). No suelen avanzar más lejos del foro y de las primeras casas y termas. Unos cuantos pasos más allá, podemos encontrarnos prácticamente solos en la ciudad.
La peor época para visitar Pompeya es el verano, por el sofocante calor que azota la zona. La primavera puede ser también molesta por el número de turistas, pero nunca encontraremos tantos como en Roma, Florencia o Venecia. La época ideal: otoño e invierno. Las temperaturas de la región de Campania son muy suaves y, si no llueve, podemos encontrarnos paseando por Pompeya en mangas de camisa en pleno diciembre.
La página web del organismo gestor de Pompeya es www2.pompeiisites.org. y en ella se encuentra la información sobre esta ciudad y sobre los otros restos arqueológicos de la zona: Herculano, Oplontis, Stabia y Boscoreale. El Vesubio acabó con todos estos lugares el año 79 de nuestra era, llevándose consigo miles de vidas, pero dejando un regalo de inestimable valor para las generaciones venideras: el testimonio de la vida en el mundo romano del siglo I.

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