Este fin de semana, pensando en escribir algo sobre París, me puse a jugar con Google Earth y descubrí algo curioso que quiero compartir con vosotros. Está en esta foto, y es un barco... obviamente el que he señalado con la flecha.
Como podéis apreciar, es un barco anclado en el río Sena, justo enfrente de la Torre Eiffel. He pasado a su lado más de una vez, tanto andando como en los barcos para turistas que recorren el río (por cierto, fijaros que aparece uno en la foto, dando la vuelta delante de la torre... ¡seguro que hay cientos de turistas en su cubierta disparando las cámaras!). Pero no descubrí la historia de esta embarcación hasta hace un par de años. Os aseguro que es bastante curiosa.
Para tener una pista sobre este enigma tendréis que mirar la ampliación que aparece a continuación. Podemos apreciar que el tamaño del barco es considerable, y que en su cubierta, aparte de óxido, hay un misterioso rótulo con el nombre "Titanic".
¿De qué se trata? ¿Es una exposición sobre el famoso transatlántico, o un anuncio de la película? ¿Qué pinta allí este cartel? ¿Qué tiene que ver con el barco anclado en el Sena?
La solución de este enigma... bueno, no saldrá hoy, vais a tener que esperar un par de días. Pero a ver si alguno sabéis de qué estoy hablando. Os adelanto que ese barco ya no está allí... Google no está tan actualizado como parece.
Sigo saltando de un lugar a otro simplemente guiado por el antojo, y en este caso el punto de mira se sitúa otra vez en Escandinavia. Y nuevamente no se trata de lugares, específicamente, cargados de historia, sino de objetos. Objetos grandes, eso sí, bastante grandes. Se trata de barcos de otras épocas que se han encontrado intactos y se conservan en museos.
Ya que estamos en Escandinavia, obviamente hay que hablar de vikingos. En un pequeño pero interesante museo de Oslo, situado a la orilla del fiordo del mismo nombre, se encuentran tres barcos vikingos que fueron descubiertos a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en diversas localidades noruegas. El de la foto es el barco de Oseberg. Un barco de roble de 22 metros de longitud y 5 de anchura.
Aunque no se aprecia muy bien en la fotografía, la borda del barco y el mascarón están finamente tallados. Son auténticas obras de arte, esculpidas por manos expertas en el trabajo de la madera, con las mismas técnicas que se utilizaron en la decoración de las clásicas iglesias de madera vikingas, tan comunes en este país. Tanto cuidado en la construcción del navío se debe a que no estaba destinado ni al viaje ni a la conquista, como los famosos "drakkar": era una nave ceremonial que se convirtió en el enorme féretro de una reina. El barco fue encontrado enterrado cerca de la localidad de Oseberg, y en su interior aparecieron los esqueletos de una anciana y una mujer joven, junto con un ajuar funerario compuesto por numerosos objetos de la vida cotidiana. No se encontraron joyas ni metales preciosos, probablemente porque la tumba había sido violada en la antigüedad. La datación de los restos permitió deducir que el enterramiento se realizó en el año 834. Parece ser que el barco se utilizó antes de ser destinado al enterramiento, pero por su fragilidad probablemente sólo se utilizase para viajes cortos cerca de la costa.
Y ahora volamos a otra ciudad de Escandinavia, la bella Estocolmo. Allí, en un moderno (y gigantesco) museo se encuentra una de las más impresionantes sorpresas que nos deparan estas frías tierras. Se trata de un enorme galeón, el Vasa. No, no es una reconstrucción, sino el barco original.
Para los que no hayáis visitado Estocolmo, os diré que es una ciudad edificada sobre varias islas, en la zona donde el lago Mälaren se encuentra con el mar Báltico. Precisamente en este mar "urbano", en una zona poco profunda, se encontraron en 1960 los restos del barco, asombrosamente intacto. ¿Cómo es posible? Bien, la extraordinaria conservación del navío se debe a la bajísima salinidad de las aguas del Báltico, que impide el crecimiento de algunos animales que destruyen la madera de los barcos hundidos, así como, naturalmente, a las bajas temperaturas de las aguas durante buena parte del año. Se puede decir que el Vasa se mantuvo en conserva hasta la actualidad. Un fantástico regalo del pasado.
La historia del Vasa es fascinante. Se comenzó a construir en 1626, por orden del rey Gustavo Adolfo (¿todos los reyes suecos se llaman igual?). Para desgracia del barco y de sus marineros, el rey aportó muchas ideas durante la construcción: por ejemplo, pidió que el barco tuviera dos cubiertas de cañones, en lugar de una como era habitual en este tipo de embarcaciones. Naturalmente, los ingenieros no se atrevieron a contradecirle. Crearon un barco esperpéntico, con una altura exagerada, para alojar las dos cubiertas cañoneras. Evidentemente, conocían su oficio y sabían que existían otros barcos con doble cubierta armada, pero el problema es que el Vasa no fue diseñado, desde el principio, para llevar tantos cañones. El rey pidió esta modificación cuando ya había comenzado la construcción del barco... así pues, en el astillero tuvieron que apañarse para dar respuesta a la demanda del rey.
El barco fue completamente terminado y armado en 1628. En agosto de ese año partió del puerto de Estocolmo para realizar su primera singladura... que duró apenas unos minutos. A menos de una milla del puerto, el viento (poco más que una brisa) hizo que el barco se escorara levemente, pero lo suficiente para que el enorme peso de sus cubiertas lo enviara directamente al fondo. Con él se hundieron unos 50 marineros. Aunque el hundimiento se produjo a sólo cien metros de la costa, es poco probable que los componentes de la tripulación supieran nadar.
Hoy el Vasa se encuentra en su magnífico museo y se puede contemplar desde varios niveles. El museo consta también de otras muchas piezas procedentes del pecio, así como maquetas y reconstrucciones de cómo debía ser la vida en el interior de estos navíos de guerra. Ah, por cierto, la foto está movida, ya lo sé. Os podréis figurar que la luz del museo es bastante tenue. Y no llevaba trípode. Lo siento, os prometo más calidad en la siguiente.
En este "lugar con historia" no he estado. Bueno, ni yo ni la inmensa mayoría de la gente. Sólo unos cuantos privilegiados y aventureros se han atrevido a acceder a la tumba del Titanic. Se encuentra en el Atlántico Norte, a la altura de Terranova. El gran barco yace en una llanura submarina, a 4.000 metros de profundidad. La sección de proa y la de popa se encuentran separadas y entre ellas hay un amplio campo de restos. Analizando el área de dispersión de éstos se ha determinado que el punto exacto del hundimiento corresponde a las coordenadas 49º 56' 49'' oeste, 41º 43' 32'' norte. Justo el marcado en el mapa de Google Earth que os copio a continuación.

El pecio del Titanic, descubierto en 1985 por Robert Ballard, es uno de esos lugares en los que el tiempo se ha detenido. En la soledad de esa llanura submarina, donde apenas hay vida y la oscuridad es absoluta, queda aún el testimonio de la noche de la tragedia, el 15 de abril de 1912. Restos de los soportes de los botes salvavidas, en la misma posición en que quedaron entonces. Puertas todavía en su sitio, lámparas, lavabos, bañeras, estructuras de camas, carteles, ascensores, maquinaria de todo tipo. Equipajes. Vajilla.
Desde el descubrimiento de esta gran tumba submarina, se han recuperado muchos objetos de los pasajeros y del barco. Tantos, que hay quien ha hablado en defensa del pecio, afirmando que debería considerarse un monumento a la memoria de las casi 1.500 personas que perdieron la vida aquella noche. Pero lo preocupante no es eso: es mucho más grave el hecho de que el barco muestra un avanzado estado de deterioro. De hecho, las últimas expediciones han llamado la atención sobre el estado del barco, comparado con el momento del descubrimiento. Parece que está próximo a desintegrarse debido a la debilidad progresiva de la estructura. Quién sabe durante cuánto tiempo seguirá siendo un monumento en el fondo del oceano.
Y, os preguntaréis ¿a qué viene este post? Bueno, al principio os mentí. Sí que he estado en el Titanic, no sólo en mi imaginación, sino también físicamente, porque ahora el magnífico barco ha recalado en Valencia. En la Ciudad de las Artes y las Ciencias podéis visitar, hasta marzo de 2008 la exposición "Titanic, the exhibition", que recorre el mundo mostrando objetos recuperados del pecio y narrando la historia del barco. Si os animáis a ir... decidme después si al pasear por esa reproducción del pasillo de primera clase, no os habéis sentido realmente dentro del Titanic.
Sobre este blog...
Bien, me propongo hacer un blog... ¿de qué tema? Me gusta viajar, me gusta la Historia... pues la elección es obvia. Lugares donde sentir el peso de la Historia. Donde pisar las mismas piedras que nuestros antepasados. Donde percibir la combinación del paso del tiempo y la pervivencia de las sensaciones.
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