Kalipedia Logo

Kalipedia

Saltar directamente a:
  1. Registro
  2. Iniciar Sesión




Lugares con Historia

En busca de otros horizontes | 23 de Julio 2008

Bien, pues parece que las vacaciones se aproximan... un momento que parecía no llegar nunca. No me voy todavía - me quedan un par de semanas de trabajo - pero, por falta de tiempo, prefiero despedirme un poco antes de mis amigos de blog. En unas semanas estaré volando en busca de otros horizontes, cazando nuevas historias que contaros. Me marcho lejos (bueno, moderadamente lejos, tampoco hay que exagerar), a Oriente Medio... espero encontrar allí inspiración para dar otro empujón a este rinconcito que es de todos y en el que compartimos ilusión por los viajes, curiosidad por otras culturas e interés por otros tiempos.

Así pues, sin más... ¡nos vemos en septiembre! Que el camino os sea favorable y lleguéis a muchos destinos este verano.

Escrito por:
Sinuhe
6 comentarios

Pues vaya con la loba | 10 de Julio 2008

El símbolo de Roma, la loba capitolina, una estatua de bronce conservada en los Musei Capitolini de la capital italiana, ha resultado ser un fiasco. Según un análisis recientemente realizado (pero que ha tardado un año en ser difundido por las autoridades), la estatua fue realizada en plena Edad Media, entre los siglos VIII y XIV de nuestra era.

Al parecer, ya existían ciertas sospechas, dado que algunos expertos habían anunciado que la técnica de fundición aplicada en la estatua no era conocida en la Antigüedad, concretamente en el período etrusco, al que se suele asociar esta representación de la "loba madre" romana. Es decir, siglo V a.C. Esta sospecha surgió hacia el año 2000, cuando terminaron los trabajos de restauración de la estatua.

¿Tiene importancia la noticia? Bueno, en realidad la auténtica edad de la loba capitolina estaba en tela de juicio incluso antes de la restauración. Por supuesto, era bien conocido que los gemelos Rómulo y Remo que se alimentan de sus mamas, habían sido añadidos en época renacentista, pero también se sospechaba que la loba podía no ser una escultura etrusca.

La clave es: ¿existió una loba capitolina previa? Es decir, ¿alguien, en la Edad Media, decidió realizar este bronce inspirándose en una antigua representación etrusca o romana? Puede ser, es posible, de hecho es una práctica muy común en la historia del arte. Hay que recordar que los propios romanos se dedicaban a realizar muchas copias de estatuas griegas, y gracias a ello hoy tenemos constancia de la existencia de dichas estatuas, ya que las originales se han perdido.

Es muy posible que en época romana existiera una representación, digamos "estándar", de la loba, ya que su legendaria historia está ligada a la fundación de la ciudad de Roma. Recordad que la leyenda cuenta que Rea Silvia, hija del rey Amulio, dio a luz a dos gemelos, Rómulo y Remo, como consecuencia de un encuentro íntimo con el dios Marte. Como la mujer era una virgen vestal (su padre la había recluido en el templo de las vírgenes para evitar que tuviera hijos y así aparecieran competidores en el trono), el rey hizo que los gemelos fueran abandonados en el río Tíber. Allí, la loba Luperca los encontró y los amamantó, evitando que muriesen de hambre y frío. Poco después fueron recogidos por un pastor y su esposa. Como sabéis, los gemelos fundaron Roma, aunque tras una disputa, Rómulo mató a su hermano y se convirtió en el primer soberano de la ciudad. Eso sucedió en el año 753 a.C. Conocemos bien esta fecha porque en ese momento comenzó el recuento del calendario romano: recordad que los antiguos romanos contaban el tiempo desde la fundación de su ciudad. Ese sería el año 0 ad urbe condita.

Pues nada, que ahora resulta que ese poderoso símbolo, esa magnífica estatua con aire arcaico, que parecía proceder de aquellos remotos tiempos, es un producto de la Edad Media. Bien, pues qué le vamos a hacer. La verdad es que a mí me incomoda un poco... me gusta mucho esta estatua y me dedico a fotografiarla siempre que puedo, en diversos lugares. Por ejemplo, hace poco hice una foto de la copia que hay a la entrada del circo romano en Tarragona. Bueno, al menos sí puedo garantizar que la de Tarragona es moderna. Allí no me engañaron...

Las torres gemelas | 06 de Julio 2008

Ahora que veo juntas estas dos fotos, las torres no me parecen tan iguales. Pero tradicionalmente se consideran torres gemelas. La de la izquierda es la famosa Giralda, situada en la ciudad de Sevilla, en España. La de la derecha es la no menos famosa Koutoubia, de la ciudad de Marrakech, en Marruecos. Son fotos recientes, la primera tomada durante un magnífico fin de semana en la capital andaluza, y la segunda, con ocasión de una escapada a esta exótica ciudad marroquí.

La Giralda, torre campanario de la catedral de Sevilla, fue construida en 1184 por los almohades, entonces habitantes de la ciudad andaluza. Fue el minarete de la mezquita principal de la ciudad y uno de los edificios más altos del mundo en su época. Posteriormente, en el siglo XVI, el arquitecto Hernán Ruíz culminó la torre con ese añadido renacentista en el que se encuentran las campanas y que da a la construcción su aspecto tan característico.

La Koutoubia, torre de la mezquita principal de Marrakech, es un poco anterior, pero corresponde al reinado del mismo monarca almohade, Yakib al-Mansur. Evidentemente la torre marroquí, de menor altura (alrededor de 70 m) sirvió de modelo para la construcción del minarete sevillano. Perdonad que no profundice más en el asunto del califato y en la descripción de la época histórica en la que se construyeron ambas torres. Lo mío es más bien la historia antigua.

Estas torres no son las únicas que son similares. También la torre Hassan, de Rabat (norte de Marruecos) es muy parecida. Se debe también al mismo califa, aunque en este caso la muerte del rey hizo que la construcción se detuviese cuando la torre alcanzaba sólo 44 metros.

Dejando aparte las diferencias evidentes, debidas sobre todo a la acción del arquitecto renacentista de la Giralda, todas estas torres muestran importantes semejanzas. Me gusta pensar que nos recuerdan la proximidad cultural entre ambos países, unidos en el pasado por un califato común. Nos recuerdan también que la población de la península ibérica procede de numerosos pueblos. Se trata de un lugar objeto de numerosas conquistas y la herencia de sus habitantes es muy variada y valiosa. La sangre que corre por nuestras venas es de muchos orígenes. Ello nos debería hacer pensar un poco... en realidad, y hablando de todo el género humano, lo que nos une es mucho más que lo que nos separa. Una importante lección que todos deberíamos aprender.

Retrato de familia | 03 de Julio 2008

Bueno, pues he de deciros que mi ausencia de un mes no se debe sólo a la dejadez, ni a una pérdida de interés en este blog. En realidad, sabiendo que iba a estar fuera bastantes días, dejé preparado este post. Pero, para mi sorpresa, no lo hice bien y cuando estaba prevista su publicación, no apareció. Así pues, lo repito ahora.

Ya os he hablado antes del Museo Egipcio de Berlín y seguramente también os dije que está en plena remodelación y que, hasta 2012, no podremos disfrutar de sus magníficas colecciones. Pero, como los buenos museos, a pesar de los trabajos, no oculta sus fondos más importantes. El busto de Nefertiti, naturalmente, no podría pasar varios años oculto... los responsables del museo, como custodios de semejante tesoro, tienen la obligación de seguir mostrando estas piezas tan importantes. Al fin y al cabo, son patrimonio de la humanidad.

Hoy os quiero hablar de algunas piezas que son también muy importantes, aunque desde luego no tanto como el busto de Nefertiti. En este caso su importancia radica en que son únicas en el mundo. En ningún otro lugar - ni siquiera en El Cairo - podemos ver un auténtico retrato de familia de la época del faraón Akenatón. Como sabéis, este faraón, que subió al trono con el nombre de Amenhotep IV, renegó de las antiguas deidades egipcias y reconoció como dios único al disco solar, Atón. A pesar de las lógicas protestas de los sacerdotes del resto de los dioses, centró todo el culto en lo que se convirtió en la primera religión monoteísta del mundo. Además, abandonó la ciudad principal de Egipto, Tebas, donde estaba situada la corte, y se trasladó al norte, donde mandó construir una ciudad nueva que llamó Ajetatón, el horizonte de Atón. Los restos de esta ciudad se encuentran en la actual población de Amarna.

Allí, el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt (1863 - 1938) encontró el taller del escultor oficial de la familia real. Entre las piezas que obtuvo se encuentra el famoso busto de Nefertiti que ahora está en Berlín. Pero también halló numerosos bustos, que debían servir como modelos para esculturas, y que constituyen un auténtico retrato de la familia de Akenatón.

Este es el rostro del propio Akenatón. Como véis es muy distinto del que muestra en algunas estatuas de gran formato, en el que aparece con unos extraños ojos rasgados, nariz enorme y prominente mandíbula. Aquí es mucho más normal. El artista mostró que sus facciones eran duras y su cara alargada. Reflejó sus arrugas en los ojos y entre la nariz y las comisuras de los labios. Un retrato de una increíble fuerza expresiva que podemos suponer fiel a la realidad, ya que serviría como patrón para realizar otras muchas esculturas.

Fijaros ahora en este otro busto. ¿Os recuerda a alguien? Pues sí, es el de Tutankhamon. En aquella época se llamaba Tutankhaton y, como podemos observar por su rostro, tiene un importante parecido con Akenatón. Pues parece ser que sí, era su hijo, aunque no debió nacer de Nefertari, sino de otra esposa del rey, llamada Kiya. Observad cómo se parece esta escultura a la famosa máscara de oro del rey que se encuentra en el museo de El Cairo.

Otra imagen más que seguro os resulta conocida. Es Nefertiti. Desde luego, es casi idéntica a la imagen del famoso busto que está en otra sala de este mismo museo. Aunque la foto es muy mala (la hice a través de un cristal, claro), podeis apreciar la misma belleza y determinación en su gesto.

Y, por último, una imagen de una de las hijas del rey, en este caso probablemente hija también de Nefertiti. Apreciad la deformación craneal, que en aquella época era común en las clases dirigentes y que se consideraba un cánon de belleza.

La historia alrededor de todos estos bustos es curiosa. Borchardt los encontró apilados en un "cuarto trastero" del taller de un escultor de nombre Tutmés. Interpretó que el escultor, en los momentos de agitación que siguieron a la muerte del faraón, empaquetó todos sus tesoros y los puso a salvo de expolios. Después, como toda la población de Ajetatón, abandonó la ciudad, que posiblemente fue saqueada, destruida y abandonada al avance del desierto.

Posiblemente este saqueo no se produjo inmediatamente después de la muerte del faraón, ya que su sucesor, Tutankhamon, protagonizó un cambio trascendental, volviendo a las costumbres y a los dioses de sus ancestros. Pero cuesta creer que el hijo del faraón hereje ordenase la destrucción inmediata de las obras de su padre y el borrado de los nombres del faraón de todos los templos. Más bien esta acción podría deberse a los faraones que ascendieron al trono tras la prematura muerte de Tutankhamon.

Es difícil saber qué pasó en aquella remota época (Tutankhamon muríó en 1323 a.C.). Por eso ha habido muchas interpretaciones sobre el hallazgo de los bustos de la familia real amarniana. Entre ellas, hay quien piensa que el escultor estaba secretamente enamorado de la reina Nefertiti. Si no fuera así, ¿cómo se explica el cuidado que puso en los bustos de la reina, no sólo en el más conocido, sino en los muchos que se encontraron en su taller? Los demás bustos están muy bien hechos... pero los de Nefertiti tienen algo especial. ¿Quién sabe?

Volviendo a la era de los transatlánticos | 05 de Junio 2008

Ha llegado a mis oídos (más bien a mis ojos a través de internet) que el 25 de junio la famosa casa de subastas Christie's va a ofertar un chaleco salvavidas procedente del Titanic. El precio de salida estimado es entre 60.000 y 80.000 dólares. No está mal, ¿verdad? Creo que no voy a pujar en esta subasta...

Lo curioso es que lo de menos es este chaleco salvavidas. La subasta presenta un gran lote de objetos relacionados con la era de los transatlánticos: pasajes, elementos de la vajilla de estos buques, listas de pasajeros, y otros objetos que los americanos denominan genéricamente "memorabilia", es decir, recuerdos de un tiempo perdido.

Merece la pena echar un vistazo a la web de la prestigiosa casa de subastas para descubrir todos estos objetos que nos hablan de una época que no volverá. Una era en la que estos enormes barcos eran la única forma de recorrer grandes distancias, en la que el viaje, en sí, se convertía en parte de la aventura. Hoy en día el viaje, es decir, el desplazamiento propiamente dicho, se ha convertido en una simple y engorrosa rutina, en algo más o menos desagradable que hay que superar para llegar a nuestro destino. En el pasado, concretamente en la era de los transatlánticos, esto no era así. Desde el momento del embarque comenzaba una importante singladura que era parte fundamental de la experiencia del viaje.

Y esto, para todos. Los barcos que hacían la ruta del Atlántico Norte, que unían Europa y América, ofrecían un nivel de confort inconcebible para la época. No sólo igualaban en lujo y equipamiento las mansiones de los ricos, sino que superaban con mucho las humildes casas en las que solían vivir los pasajeros de tercera clase. Muchos de ellos, al entrar en el barco, descubrían por primera vez la experiencia de dormir en una cama nueva y limpia y de disponer de un lavabo. Por no decir que alguien les sirviera la comida, les limpiara el camarote y se preocupara de que sus necesidades estuvieran cubiertas. En resumen, algo que nunca habían experimentado y que, durante los cinco o seis días que duraba el viaje, disfrutarían con placer hasta el punto de incorporarlo a las experiencias que contarían a sus nietos.

El placer del viaje ¿se ha perdido? Habitualmente, cuando viajo en coche, pierdo la perspectiva de lo que estoy haciendo -recorrer mundo- para sustituirla por una extraña mezcla de ansiedad y aburrimiento causada por los atascos, las incomodidades del camino, la satisfacción de necesidades (las mías y las del coche). Si viajo en avión, el problema se concentra en las preguntas de siempre: ¿saldremos a la hora? ¿Funcionará el billete electrónico? ¿Me registrarán al pasar el control de equipaje? ¿Llegaré a tiempo?... sólo viajando en tren encuentro un poco de ese placer perdido de viajar, de disfrutar del camino como parte de la aventura.

Viajar en esos grandes transatlánticos sería una notable experiencia para todo el mundo. Una experiencia que ahora ya no podemos disfrutar. Desde luego que podemos contratar uno de esos magníficos cruceros por mares de todo el mundo, pero no es lo mismo. No tiene nada que ver pasar unos días en un barco -en eso consisten los cruceros- que mezclar la experiencia de navegar con la de llegar a un destino nuevo. No tiene nada que ver pasar unos días comiendo, bebiendo, bailando y nadando en una piscina en cubierta, con recorrer medio mundo sin poder saber qué te espera al llegar a tu destino.

Y esto es una de las cosas sobre las que me gusta reflexionar, de vez en cuando. ¿Qué sentiría un pasajero de tercera clase del Normandie, del Olympic, del Lusitania, del Mauretania...? Estaba en un mundo de lujo (para su escala, claro... ahora nos parecería todo más bien cutre) que suponía un importante paréntesis en su vida. Antes del viaje nunca había disfrutado de semejantes comodidades... y después del viaje probablemente tampoco lo haría. ¿Qué pensarían? ¿Sería algo parecido a la promesa de una vida mejor? ¿Cuántos, al experimentar esos lujos relativos, no pensarían que iban a hacer todo lo posible para que en su destino soñado, la América de las oportunidades, pudieran seguir disfrutando de una vida mucho mejor?

Desde luego que muchos lo consiguieron. Lo que no he conseguido yo, por lo que veo, es que este post tenga algún sentido... me he liado a hablar sobre la importancia del viaje dentro del viaje. Bueno, es una reflexión... para compensaros, prometo hacer algo sobre estos barcos tan magníficos en otro post.

Yo ya fui, ¿y vosotros? | 01 de Junio 2008

Las fotografías de este blog, para mí son una parte indispensable. Tanto es así, que muchas veces elijo los temas de los posts revisando las fotos de mi colección. Este es el caso de este artículo. Hace unos días, buscando fotos en mi ordenador, encontré unas realizadas con mi primera cámara digital, una maravilla de 1 megapíxel. En su momento aquella cámara costó una fortuna, pero ahora cualquier teléfono móvil tiene mucha más calidad fotográfica.

En fin, da igual. El caso es que encontré una imagen de un rincón de Galicia, San Andrés de Teixido, que, como podéis apreciar por la foto, es un sitio precioso. Se trata de un pequeño pueblo en la costa de Galicia, en la provincia de A Coruña. Quien lee este post habitualmente ya sabe que tengo familia gallega (de ahí mi "apellido" Fontes... que naturalmente no es mi apellido real) y que esta tierra me gusta especialmente. Pues bien, ese pequeño pueblo tiene una curiosa tradición, muy conocida.

Según esta tradición, a San Andrés "va de morto quen non foi de vivo", es decir, traducido del gallego, "va de muerto quien no fue en vida". La leyenda dice que todo gallego debe peregrinar a San Andrés de Teixido y visitar su pequeña iglesia. Hay que hacerlo al menos una vez en la vida, porque si no es así, después de muertos habrá que ir. Y esa peregrinación no es nada agradable, pues de hecho equivale a pasar una larga temporada en el purgatorio.

El origen de tan curiosa tradición se pierde en la noche de los tiempos. Allí existió un monasterio desde el siglo XII, aunque el actual data del XVII. Según la leyenda, habitaba allí San Andrés y estaba muy solo, muy solo. Parece que, también como sucede ahora, toda la gente peregrinaba a Santiago, pero nadie se acercaba a aquel rincón de la costa. Un día, se le aparecieron Cristo y San Pedro y le calmaron, diciendo que, a partir de entonces, tendría allí un santuario y todo el mundo tendría que ir en peregrinación a visitarlo. Y, si no lo hacían en vida, lo tendrían que hacer después de morir.

Por supuesto que es una leyenda, algo sin fundamento, pero no sé por qué, yo estaba intranquilo hasta que fui. Desde luego el viaje merece la pena por lo bello del entorno, y además, así me libro de una terrible condena como alma en pena por los bosques gallegos.

Además, en San Andrés hay otra tradición: acercarse a las rocas cercanas al mar a coger una hierba, de nombre científico Armeria maritima, y llamada en gallego "herba de enamorare"... creo que este nombre no necesita traducción. Se suele decir que con esta hierba se elabora un filtro de amor de resultados seguros.

En fin, curiosas historias de un pueblo misterioso, que a muchos nos gusta recordar y compartir. Hace poco, por ejemplo, mi hija escuchó estas tradiciones en la televisión y me dijo "papá, tenemos que ir a San Andrés de Teixido, por que si no, tendré que ir después de muerta". "No te preocupes", le dije, "tú ya has estado allí, aunque eras muy pequeña". Son tonterías, ¿verdad? Pero nunca se sabe...

Una pequeña protesta... | 30 de Mayo 2008

Bien, pues en este caso voy a utilizar este pequeño rincón de internet para lanzar al viento una protesta en la que mucha gente me apoyará...

Recordaréis que en el post anterior mencioné que, a pesar de las obras de traslado del museo Egipcio de Berlín, todavía era posible ver algunos de sus tesoros. Creo sinceramente que esto es una práctica que todos los museos del mundo deberían mantener: si yo me desplazo a Berlín, aparte de para conocer una magnífica ciudad y beber una estupenda cerveza (sin olvidar la salchicha oficial, el currywurst), es para postrarme frente al retrato de la reina egipcia... estaría bueno que lo hubiesen guardado.

Por eso me resulta muy triste encontrar ejemplos de cierre desconsiderado de salas en algunos museos españoles. Esto me sucedió el otro día en Sevilla. Acudí al Museo Arqueológico para contemplar el llamado Tesoro del Carambolo, una colección única de joyas de la época de Tartessos, el legendario reino del sur de la península Ibérica en la Edad de Bronce. Y cuál no sería mi sorpresa, al encontrar que el museo había cerrado las salas de prehistoria, donde se aloja tan importante tesoro arqueológico.

A pesar de todo, en el Museo pude disfrutar de la maravillosa colección de piezas hispanorromanas procedentes de Itálica, la ciudad fundada por los romanos en los alrededores de Sevilla. Pero no es lo mismo. Yo ya he visto muchas piezas romanas. Aunque me encantan, yo quería ver otra cosa. Quería ver algo que es único, que sólo puedo ver en ese museo. Me lo negaron.

Desde aquí, un pequeño y humilde llamamiento a las autoridades y a los responsables de ese museo... habiliten una pequeña sala para exponer estas piezas únicas. Sus visitantes se lo agradecerán. Yo el primero.

Aunque, la verdad, todo hay que decirlo... estando en Sevilla, es fácil olvidar este pequeño enfado. Ya sabéis que es una de las ciudades más bellas del mundo.

Más sobre Vigeland | 25 de Mayo 2008

Cumpliendo lo prometido (ver comentarios en "Siempre seremos los mismos", el post sobre el parque Vigeland de Oslo), os voy a mostrar algunas fotos de este importante complejo escultórico de la capital noruega. Ya sabéis, las fotos suelen ser mías (en este caso todas menos una), por lo cual podéis imaginar que no serán gran cosa, pero pueden servir para que nos hagamos una idea.

Ya os expliqué que la magia del escultor, Vigeland, consistía en representar emociones. Sus esculturas están magníficamente trabajadas, desde luego, pero su principal virtud es que tienen alma. Dicen cosas a quien quiere escuchar. Ved las pruebas...

Una madre juega con su hijo. Apreciad la cara de la mujer... es la felicidad misma. El niño, aunque no se ve bien en la foto, le devuelve la mirada y expresa exactamente lo mismo.

¿Qué os parece el abrazo de la pareja? Increíble, ¿no? Pero lo mejor de la foto está a la derecha, es el niño en plena rabieta. Este pequeñajo se ha convertido en el auténtico símbolo de Oslo.

Este es el grupo escultórico del que os hablé en el post anterior. La madre apoya su mano en el hombro de su hijo y éste mira para otro lado, como desoyendo su consejo. Es joven, fuerte, y se considera perfectamente preparado para cualquier cosa que pueda venir. No necesita la ayuda de la experiencia de su madre. Ella refleja su preocupación en la expresión de la cara.

Bien, y por no aburriros, ya termino. Esta es una panorámica del parque. En primer término, un "jardín humano". Al fondo, el monumento más impresionante del recinto, un monolito formado por cuerpos humanos entrelazados, que simboliza la humanidad. A su alrededor, todo un corro de esculturas magníficas.

Bien, podría incluir muchas más fotos, pero os remito a las webs específicas que tratan de este parque y de su larga historia. Seguro que lo cuentan mucho mejor que yo y con bastante más profundidad. Eso sí, ya sabéis que los noruegos son bastante más fríos que los latinos, con lo cual no serán tan expresivos como yo en su descripción.

Una estrella del Art Nouveau | 23 de Mayo 2008

Bueno, pues otro post más sobre exposiciones. Parece que es la época, pero es que últimamente en Madrid hay muchas cosas interesantes. Hasta el 31 de agosto, en Caixa Forum, puede contemplarse una estupenda muestra centrada en la obra de Alfons Mucha (1860 - 1939), un artista checo que fue una de las auténticas estrellas de la gran revolución artística que supuso el llamado Art Nouveau. Carteles, diseños, dibujos, cuadros, joyas, fotografías, etc. permiten que nos hagamos una idea muy precisa de la obra de tan curioso personaje.

Como se relata muy bien en la exposición, la fama de Mucha está indisolublemente ligada a la de la gran actriz Sarah Bernhardt (1844 - 1923). De una forma casual, Mucha fue seleccionado para ilustrar un cartel para el estreno de su obra Gismonda. La actriz quedó impresionada por el resultado y decidió contratar al ilustrador no sólo para realizar más carteles, sino para el diseño de la escenografía de sus obras y para la joyería que lucía en escena. El cartel de Gismonda no sólo gustó a la Bernhardt, sino al público de París, que llegaba a arrancar los carteles cuando el pegamento aún estaba fresco.

Y es precisamente por esos carteles por los que conocemos y recordamos a este genial artista, que sin duda fue uno de los artífices de ese impresionante estilo decorativo. Todavía hoy nos impacta su tratamiento onírico de las figuras y su precisión en la representación de la naturaleza como escenario y como elemento de decoración. Es cierto que en estos tiempos su estilo nos parecería tremendamente recargado... pero bueno, en mi caso, me encanta el Art Nouveau, con lo cual mi opinión es bastante parcial.

Resulta curioso, no obstante, cómo el personaje fue casi completamente olvidado durante mucho tiempo, especialmente en su país natal, la República Checa. A pesar de que tras su etapa parisina retornó allí y tuvo una intensa actividad artística, poco después de su muerte pasó al olvido. En primer lugar la culpa la tuvo el régimen Nazi, que prohibió sus obras por considerarlas extraordinariamente nacionalistas y exaltadoras del espíritu checo. Pero, a continuación, tras la Segunda Guerra Mundial, durante el régimen comunista que se implantó en los países del Este de Europa, por razones completamente distintas se volvió a prohibir su obra... en este caso por considerarla excesivamente burguesa.

En fin, el resultado es que durante mucho tiempo apenas se habló de Mucha, hasta que a finales del siglo XX, con la apertura de su museo en Praga, su figura se revalorizó. Ahora, gracias a esta notable exposición, tenemos la ocasión de disfrutar de un panorama muy completo de su inabarcable producción artística. Os aseguro que merece la pena.

Seremos siempre los mismos | 20 de Mayo 2008

La Historia, con mayúsculas, es un conjunto de grandes acontecimientos políticos, culturales, artísticos. La historia, con minúsculas, es otra cosa muy diferente. Siempre me ha llamado la atención la historia con minúsculas que está compuesta por los hechos cotidianos, que se entrelazan entre sí, formando lo que es la auténtica historia de los pueblos. Y lo que resulta interesante es que, en lo fundamental, los seres humanos hemos cambiado muy poco desde la prehistoria. Tenemos las mismas necesidades básicas: el refugio, el alimento, la seguridad, la relación con el grupo, el amor. La diferencia está en cómo las satisfacemos o en todo lo que hemos añadido a esas necesidades... está claro que yo necesito un iPod y mis antepasados se apañaban perfectamente sin llevar en el bolsillo 8.000 canciones.

Pero, en fin, lo básico es igual. Y si alguien lo duda, le recomiendo que busque en los textos del Antiguo Egipcio, los consejos del sabio Ptah-Hotep (creo que se escribe así) dirigidos a su hijo. Es increíble, son tan válidos ahora como hace 4.000 años. Curioso, ¿verdad?

Alguien que supo ver con claridad este hecho fue un escultor noruego, Gustav Vigeland (1869 - 1943). Si no fuera por su obra culminante, el parque Vigeland de Oslo (un destino indispensable en todos los circuitos turísticos por la zona), fuera de Escandinavia probablemente no lo conoceríamos. Y desde luego su trayectoria no fue nada desdeñable. Su talento para la escultura era innegable desde su juventud, y su formación en el taller de un escultor local, así como sus viajes a París (donde visitó frecuentemente el estudio del mismísimo Rodin) y a Italia (país en el que pudo admirar la gloria de los escultores renacentistas) hicieron que desarrollara una técnica impecable con un estilo propio y cargado de fuerza expresiva.

Pero este post va de que los seres humanos no hemos cambiado a lo largo de la historia en lo fundamental, y Vigeland viene a cuento por lo que hizo en su famoso Parque en Oslo. Allí, el escultor trató de representar el ciclo de la vida humana. El ciclo de las pequeñas historias de la vida de cada persona.

Así, entre las esculturas que conforman el parque, el escultor reflejó todas y cada una de las situaciones en las que nos encontramos a lo largo de la vida. Los juegos despreocupados de la infancia, el amor, las discusiones de la pareja, la amistad, la paternidad, la ancianidad, la muerte. Los rostros y las actitudes de los personajes de los grupos escultóricos de Vigeland reflejan perfectamente lo que está pasando entre ellos. Es impresionante cómo puede expresar sin palabras cómo un hijo desoye los consejos de su madre: mientras ésta, con aspecto anciano, pone su mano en el hombro del joven y le mira con expresión de preocupación, el hijo dirige su mirada al horizonte, como expresando que su decisión está ya tomada y da igual lo que diga la madre. Es impresionante también la expresión de las ancianas que comprenden que la vida está finalizando. O la del hombre muy anciano que acaba de perder a su amigo de toda la vida. O la de los padres que abrazan a su hijo recién nacido.

Un hecho que podria llamar la atención es que todas las figuras del parque, todas, estén desnudas. En su momento, al comenzar a exponer las estatuas (en los años 30 del siglo XX) a Vigeland le criticaron este hecho: el genial escultor explicó que, si hubiera presentado a las figuras vestidas, la obra no habría sido imperecedera. Los visitantes del futuro verían a personas del pasado, vestidas de forma pasada de moda. Pero así, cada persona que visita el parque ve imágenes de personas que podrían estar vivas en el momento actual. Nada interfiere entre las esculturas y los sentimientos que despiertan.

Y, por último, contaros que efectivamente, nadie puede pasear por el parque y salir indiferente. Todo el mundo se emociona ante algún grupo escultórico de Vigeland. ¿Quién no ha discutido alguna vez con su pareja, o ha tenido un hijo, o ha perdido a un ser querido? Es muy curioso mirar alrededor y ver que una persona, a tu lado, tiene los ojos llorosos mirando alguna de estas maravillosas esculturas. Y es que, por mucho que pase el tiempo y el mundo cambie, en lo básico siempre seremos los mismos.

Escrito por:
Sinuhe
3 comentarios

Buscar en este blog

Etiquetas de este blog

Ver todas

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):