03 Jul 2008
Bueno, pues he de deciros que mi ausencia de un mes no se debe sólo a la dejadez, ni a una pérdida de interés en este blog. En realidad, sabiendo que iba a estar fuera bastantes días, dejé preparado este post. Pero, para mi sorpresa, no lo hice bien y cuando estaba prevista su publicación, no apareció. Así pues, lo repito ahora.
Ya os he hablado antes del Museo Egipcio de Berlín y seguramente también os dije que está en plena remodelación y que, hasta 2012, no podremos disfrutar de sus magníficas colecciones. Pero, como los buenos museos, a pesar de los trabajos, no oculta sus fondos más importantes. El busto de Nefertiti, naturalmente, no podría pasar varios años oculto... los responsables del museo, como custodios de semejante tesoro, tienen la obligación de seguir mostrando estas piezas tan importantes. Al fin y al cabo, son patrimonio de la humanidad.
Hoy os quiero hablar de algunas piezas que son también muy importantes, aunque desde luego no tanto como el busto de Nefertiti. En este caso su importancia radica en que son únicas en el mundo. En ningún otro lugar - ni siquiera en El Cairo - podemos ver un auténtico retrato de familia de la época del faraón Akenatón. Como sabéis, este faraón, que subió al trono con el nombre de Amenhotep IV, renegó de las antiguas deidades egipcias y reconoció como dios único al disco solar, Atón. A pesar de las lógicas protestas de los sacerdotes del resto de los dioses, centró todo el culto en lo que se convirtió en la primera religión monoteísta del mundo. Además, abandonó la ciudad principal de Egipto, Tebas, donde estaba situada la corte, y se trasladó al norte, donde mandó construir una ciudad nueva que llamó Ajetatón, el horizonte de Atón. Los restos de esta ciudad se encuentran en la actual población de Amarna.
Allí, el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt (1863 - 1938) encontró el taller del escultor oficial de la familia real. Entre las piezas que obtuvo se encuentra el famoso busto de Nefertiti que ahora está en Berlín. Pero también halló numerosos bustos, que debían servir como modelos para esculturas, y que constituyen un auténtico retrato de la familia de Akenatón.

Este es el rostro del propio Akenatón. Como véis es muy distinto del que muestra en algunas estatuas de gran formato, en el que aparece con unos extraños ojos rasgados, nariz enorme y prominente mandíbula. Aquí es mucho más normal. El artista mostró que sus facciones eran duras y su cara alargada. Reflejó sus arrugas en los ojos y entre la nariz y las comisuras de los labios. Un retrato de una increíble fuerza expresiva que podemos suponer fiel a la realidad, ya que serviría como patrón para realizar otras muchas esculturas.
Fijaros ahora en este otro busto. ¿Os recuerda a alguien? Pues sí, es el de Tutankhamon. En aquella época se llamaba Tutankhaton y, como podemos observar por su rostro, tiene un importante parecido con Akenatón. Pues parece ser que sí, era su hijo, aunque no debió nacer de Nefertari, sino de otra esposa del rey, llamada Kiya. Observad cómo se parece esta escultura a la famosa máscara de oro del rey que se encuentra en el museo de El Cairo.
Otra imagen más que seguro os resulta conocida. Es Nefertiti. Desde luego, es casi idéntica a la imagen del famoso busto que está en otra sala de este mismo museo. Aunque la foto es muy mala (la hice a través de un cristal, claro), podeis apreciar la misma belleza y determinación en su gesto.
Y, por último, una imagen de una de las hijas del rey, en este caso probablemente hija también de Nefertiti. Apreciad la deformación craneal, que en aquella época era común en las clases dirigentes y que se consideraba un cánon de belleza.
La historia alrededor de todos estos bustos es curiosa. Borchardt los encontró apilados en un "cuarto trastero" del taller de un escultor de nombre Tutmés. Interpretó que el escultor, en los momentos de agitación que siguieron a la muerte del faraón, empaquetó todos sus tesoros y los puso a salvo de expolios. Después, como toda la población de Ajetatón, abandonó la ciudad, que posiblemente fue saqueada, destruida y abandonada al avance del desierto.
Posiblemente este saqueo no se produjo inmediatamente después de la muerte del faraón, ya que su sucesor, Tutankhamon, protagonizó un cambio trascendental, volviendo a las costumbres y a los dioses de sus ancestros. Pero cuesta creer que el hijo del faraón hereje ordenase la destrucción inmediata de las obras de su padre y el borrado de los nombres del faraón de todos los templos. Más bien esta acción podría deberse a los faraones que ascendieron al trono tras la prematura muerte de Tutankhamon.
Es difícil saber qué pasó en aquella remota época (Tutankhamon muríó en 1323 a.C.). Por eso ha habido muchas interpretaciones sobre el hallazgo de los bustos de la familia real amarniana. Entre ellas, hay quien piensa que el escultor estaba secretamente enamorado de la reina Nefertiti. Si no fuera así, ¿cómo se explica el cuidado que puso en los bustos de la reina, no sólo en el más conocido, sino en los muchos que se encontraron en su taller? Los demás bustos están muy bien hechos... pero los de Nefertiti tienen algo especial. ¿Quién sabe?
Sobre este blog...
Bien, me propongo hacer un blog... ¿de qué tema? Me gusta viajar, me gusta la Historia... pues la elección es obvia. Lugares donde sentir el peso de la Historia. Donde pisar las mismas piedras que nuestros antepasados. Donde percibir la combinación del paso del tiempo y la pervivencia de las sensaciones.
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
Hay 4 comentarios
Escribe el tuyo
Luna Nueva | 03/07/2008 (09:06)
"¿Quién sabe?"...Bonita manera de terminar, nos ilustras y nos dejas abierta una puerta para la imaginación...Es un período de la historia muy interesante...Lo cierto es que sólo conozco lo que me queda en un rincón de mi cabeza de mi paso por el instituto, pero hace poco leí "No Digas q Fue un Sueño" de T. Moix y más que leerlo lo devoré de como me quedé enganchada con la forma de contar la historia de Cleopatra.
Gracias por volver
Sinuhe | 03/07/2008 (09:21)
Hola, Luna Nueva. Pues sí, Terenci Moix consiguió expresar muy bien en sus novelas ese halo de romanticismo que envuelve el Antiguo Egipto, especialmente en la época de Cleopatra. Me encantan sus novelas y, en parte, es responsable de mi pasíón por esta extraordinaria civilización. Él adoraba Egipto y su historia y lo transmitía fenomenalmente.
mark2 | 03/07/2008 (14:59)
Hola Sinuhe, siempre es una alegría saber de ti. Felicidades, de nuevo un post de gran interés.
Sinuhe | 04/07/2008 (06:46)
Hola, Mark2! Lo mismo digo, me encanta estar aquí. Aunque, la verdad, últimamente sólo pienso en las vacaciones... como todo el mundo. ¡Abrazos!
Si prefieres firmar con tu usuario, entra
Haz el tuyo