18 Oct 2007
Teotihuacán. El mayor recinto arqueológico prehispánico de Mesoamérica, se encuentra apenas a 40 km al norte de Ciudad de México. La ciudad se fundó a partir de una aldea hacia 600 a.C. y tuvo su época de apogeo entre los siglos II y VI de nuestra era. Hacia el siglo IX ya estaba abandonada, por causas que desconocemos. Era ya una ciudad fantasma cuando la visitaron los aztecas (o mexicas), que fueron quienes le dieron su nombre en lengua náhuatl: la Ciudad de los Dioses. No podían concebir que hubieran existido seres humanos capaces de realizar tan enormes construcciones.
Allí, en la Calzada de los Muertos, al pie de la Pirámide del Sol, un guía local me contó la leyenda del Quinto Sol, el mito mesoamericano de la creación del mundo.
Según esa leyenda, el mundo había conocido cuatro Soles o épocas. Cada una de estas épocas había finalizado con un gran cataclismo. Al acabar el Cuarto Sol, los dioses se reunieron en Teotihuacán para iniciar una nueva era, y anunciaron que uno de ellos debería ser elegido para transformarse en el Sol.
Surgieron dos candidatos: un dios joven, Tacciztecatl, y un dios anciano, Nanahuatzin. Durante una temporada, ambos se prepararon para tan importante destino. Pero, mientras Tacciztecatl pasaba el tiempo pavoneándose entre dioses y hombres, Nanahuatzin, el dios humilde, invertía sus días en realizar buenas obras.
Llegado el momento de la transformación en Sol, los dioses crearon un gran círculo de fuego y dijeron a Tacciztecatl que se arrojara a él. El orgulloso dios no se atrevió. Entonces, Nanahuatzin se aproximó al fuego y saltó. Inmediatamente se convirtió en el Sol.
Cuando su rival vio como refulgía en el cielo, reunió fuerzas de flaqueza y también saltó al fuego, convirtiéndose en un segundo Sol. Pero los dioses no apreciaron este acto de envidia y cobardía. Uno de ellos cogió un conejo y lo lanzó con todas sus fuerzas hacia el Sol advenedizo. Al impactar en su superficie, el Sol Tacciztecatl se apagó, perdió su luz propia y se limitó a reflejar la luz del auténtico Sol. Se convirtió en la Luna.
Esta es la leyenda que explica cómo se originó el Sol que nos ilumina y la Luna que le acompaña en su viaje por el cielo... y también explica por qué, cuando miramos a la Luna llena, podemos ver la imagen de un gran conejo en su superficie.
Este relato es solo un resumen. Hay quien lo cuenta mucho mejor que yo, y os invito a escucharle. Visitad el podcast del historiador mexicano Roberto Jiménez, En la Historia (ver sección de enlaces en este blog), y descargad los episodios dedicados a Teotihuacán. Os gustarán.

Sobre este blog...
Bien, me propongo hacer un blog... ¿de qué tema? Me gusta viajar, me gusta la Historia... pues la elección es obvia. Lugares donde sentir el peso de la Historia. Donde pisar las mismas piedras que nuestros antepasados. Donde percibir la combinación del paso del tiempo y la pervivencia de las sensaciones.
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Hay 8 comentarios
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ccrisol | 18/10/2007 (13:21)
Me gusta más creer que fue así...
mavipas | 18/10/2007 (20:57)
¡Qué bonita historia! ¡Y qué impresionante yacimiento! Lo cierto es que sería fantástico viajar hasta allí sólo por ver esos lugares tan maravillosos. América Latina es fantástica y tiene aún un mundo por descubrir.
Anónimo | 14/02/2008 (00:19)
la verdad no me gusto
Anónimo | 18/09/2008 (15:38)
te amo rafa
Anónimo | 18/09/2008 (15:39)
te amo rafa y esta chida la historia
Anónimo | 26/09/2008 (00:36)
esta bn chafa por eso mexico no progresa jajajaja
Anónimo | 06/10/2008 (15:28)
ruti
Anónimo | 22/10/2008 (16:28)
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