Kalipedia Logo

Kalipedia

Saltar directamente a:
  1. Registro
  2. Iniciar Sesión




Educación & Cultura

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Las ruinas circulares, Jorge Luis Borges

Educación y personalidad | 26 de Octubre 2008

La evolución “causó la emergencia de la mente, la que a su vez causó el proceso sicológico conocido como aprendizaje, el cual, por último, causó la adquisición de los conocimientos y valores que conforman la cultura de una persona.”

Antonio Vélez

¿El origen de la crisis de valores que afrontan las organizaciones (familia, comunidad, empresa, escuela) y la sociedad en su conjunto se halla en la educación y, por extensión, en el docente como causa primaria de tal desgracia? ¿Puede la educación contribuir a moldear la personalidad?

Para responder a estos interrogantes es necesario tener en cuenta que la educación, como sistema social creado por el ser humano para transferir y transformar su cultura ¾conjunto de valores establecidos por la sociedad y las organizaciones: ritos, leyendas, creencias y mitos que se traducen en leyes, normas y manuales de convivencia; y de elementos que contribuyen a la relación social: máquinas, equipos, herramientas, instrumentos, materiales e insumos¾, es un derecho y un deber. Un derecho, porque la inclusión del sujeto implica reconocerlo como tal; un deber, porque tal inclusión exige del sujeto la aceptación de condiciones para la convivencia en una organización social.

Ahora bien, si, como afirma Vélez(1), los factores genéticos son determinantes de la personalidad y someten al hombre a dos comandos: el irracional o inconsciente, escrito en el programa genético antes de su nacimiento, y el racional o consciente, escrito después del nacimiento por todas sus experiencias culturales; entonces, la personalidad está ligada al comportamiento humano: natural y aprendido, el primero, según Habermas(2), como respuesta a impulsos vitales y determinado por la naturaleza humana; el segundo como respuesta intencional a normas y reglas y aprendido por la modelación y el ejemplo recibidos en el grupo social al que pertenece el sujeto, y cuya responsabilidad es atribuible a individuos capaces de interpretar lenguajes.

Y citando nuevamente a Vélez, resulta que “el control racional, que todos esperamos sea el comandante en jefe de las acciones, cuesta decirlo, cede la batuta al irracional o emotivo en gran parte de nuestras decisiones” pues, según Llinás(3), “el sistema nervioso central superior no se necesita para la ejecución de simples reflejos motores rudimentarios”, como sería una respuesta agresiva a una ofensa.

Pues bien, el problema actual, origen de la crisis planteada como preámbulo, es que el fanatismo —religioso, político, étnico o de otra índole—, incrustado en todas las esferas políticas, eclesiásticas, civiles y militares, está llevando a la sociedad a estados de intolerancia y desesperación, que el comportamiento social linda con la demencia colectiva.

Por una parte, le muestran al ciudadano una imagen de éxito basada en el derecho y la propiedad privada, y por otra violentan sus derechos y usurpan sus propiedades. Le muestran una imagen de vida basada en la autonomía, mientras hipotecan su buen nombre con políticas mercantilistas. Promulgan la tolerancia, en tanto el abuso de autoridad se impone.

Entonces, achacarle a la educación, y en particular al docente, la responsabilidad en la formación de ciudadanos responsables, solidarios, respetuosos y altruistas no deja de ser un sofisma para ocultar la verdadera causa. Si el ser humano es egoísta y violento por naturaleza y se requiere una cultura capaz de frenar y orientar su instinto natural —patrones de acción fijos como los llama Llinás(4), o circuitos neuronales, según Vélez(5)— para lograr una sana convivencia, el esfuerzo debe estar en transformar esa cultura que provoca la violencia, promoviendo ambientes saludables en todas las organizaciones sociales.

La educación puede contribuir a generar y transformar la cultura en la que se vive, pero no a modificar lo genético. Puede contribuir con la divulgación de las normas de convivencia, pero no incidir en el comportamiento humano; éste se controla con sistemas políticos y jurídicos transparentes, en donde reine el estado de derecho y no el de privilegios, pues este último estimula la injusticia y por ahí derecho la violencia.

Notas

(1) VÉLEZ MONTOYA, Antonio. Homo sapiens. Bogotá, D. C., Colombia : Villegas Editores S. A., 2007. p. 30.

(2) HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa : Complementos y estudios previos. México : Red Editorial Iberoamericana, 1996. pp. 19-38.

(3) LLINÁS, Rodolfo R. El cerebro y el mito del yo : El papel de las neuronas en el pensamiento y el comportamiento humanos. Bogotá : Editorial Norma, 2002. p. 156.

(4) Ibid.

(5) Op. Cit., p. 24.

Referencias bibliográficas

¾ LLINÁS, Rodolfo R. El cerebro y el mito del yo : El papel de las neuronas en el pensamiento y el comportamiento humanos. Bogotá : Editorial Norma, 2002. 348 p.

¾ VÉLEZ MONTOYA, Antonio. Homo sapiens. Bogotá, D. C., Colombia : Villegas Editores S. A., 2007. 669 p.

¾ HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa : Complementos y estudios previos. México : Red Editorial Iberoamericana, 1996. 507 p.

Bogotá, D. C., Octubre de 2008

Escrito por:
gicaba2
1 comentario

Escuela y liderazgo II | 14 de Julio 2008

A raíz de la publicación del artículo "Escuela y liderazgo", un amable lector comentó negativamente mi afirmación que el mundo, y la juventud en particular, no tenía líderes para emular. Argumentaba lo contrario y lo soportaba con ejemplos como Bush, Bin Laden y los autores de la masacre de la plaza de Tianmenn, personajes mundiales caracterizados por arrastrar a sus países y continentes a inexplicables guerras. Viendo que la discusión amerita un debate público, he decidido hacerlo así, públicamente, y no dejarlo como una simple respuesta a un comentario.

Pues bien, al preguntar ¿Puede atribuírsele a la escuela la formación de líderes?, lo que se quiere decir es si la escuela debe formar no sólo en lo técnico sino formar en carácter; lo que implica formar en un sano equilibrio de las emociones; formar personas que piensen y busquen siempre el bien común.

Los personajes por él expuestos como ejemplos, son enfermos que persiguen su propia gloria antes que el bien común. Y si esos personajes son ejemplo de liderazgo para la juventud de hoy ¿cuál será el futuro de la sociedad en la que les tocará vivir los niños y jóvenes que hoy formamos? ¡Vaya dilema para los docentes, y para la escuela!

La escuela de hoy no podrá pensar en formar en este sentido. No, por el contrario, la escuela debe ser capaz de enseñar a diferenciar un líder de un psicópata, pues precisamente ante la ausencia de líderes equilibrados aparecen estos personajes que arrastran a niños y jóvenes a aventuras que terminan mal y no traen ningún beneficio para la sociedad, como lo vemos hoy: guerras en las que mueren miles y miles de niños y jóvenes por causas fundamentalistas absurdas. Y esto lo evitaremos si la escuela tiene como uno de sus fines la formación de carácter.

Dimes y diretes | 09 de Julio 2008

Es tarea dura descubrir al hacedor y padre de nuestro universo, y, una vez descubierto, es imposible declararlo a todos los hombres. Platón

El conocimiento sólo se establece realmente cuando uno es capaz de explicarlo a otros. Finn Kjersdam

El liderazgo es, como casi todo en la vida, cuestión de oficio, y el oficio tiene mucho que ver con los hábitos. José Manuel Casado González

Es increíble que el sistema educativo, diseñado para la era industrial, para una era “fordista” en la que los empleados tenían que conocer su sitio y necesitaban una formación uniforme, y en la que se instruía a la gente para memorizar y repetir, siga siendo el imperante a pesar de que mate la iniciativa individual y la creatividad de las personas. José Manuel Casado González

Escuela y liderazgo | 13 de Junio 2008

¿Puede atribuírsele a la escuela la formación de líderes? No y sí.

No, si se concibe el liderazgo como el cumplimiento riguroso de un decálogo de buenas intenciones, lo que Weber(1) llama instrucción experta especializada y Jaeger(2) la techné, con lo que sólo se responde a la estructura burocrática de las organizaciones. Y resulta que una de las causas de la crisis de valores de la sociedad actual es la ausencia de líderes. Y sin líderes las nuevas generaciones no tendrán a quien emular.

Sí, si lo que se promueve en la escuela es la formación del carisma, para lo cual es necesario que la institución persiga la imagen anhelada o ideal de hombre, no meramente la utilidad inmediata (económica, la mayoría de las veces), pues la formación del carácter dependerá del ideal de cultura que tenga la escuela (Weber y Jaeger).

De acuerdo con esto último, un líder en el campo educativo se destacará por su preocupación por el cambio institucional, asumiéndolo como estilo de vida, como búsqueda permanente de superación, personal y colectivamente; se enfrentará a la consabida resistencia al cambio, o al cambio a ultranza —tan perjudicial como la primera—; se fijará metas a futuro y dirigirá acciones para alcanzarlas, motivando y comprometiendo a la comunidad educativa (directivos, docentes, alumnos, padres de familia), e inspirándole seguridad y confianza.

Desafortunadamente, hoy la educación tiene carácter utilitarista regido por las leyes del mercado: lograr más con menos, y la formación de personas se ha confundido con transferencia de información. ¿Y la formación moral? ¿Y la formación de carisma? ¿Y la formación de líderes? Eso, ¿para qué? Lo que hoy prima es el negocio, a costa de lo que sea, incluso a costa de perpetuar la mediocridad.

(1) Weber: Ensayos de sociología contemporánea, pp. 519-520, citado por: Hernández, et all, (2005). Teorías sobre sociedad y educación, pp. 307-308.
(2) Jaeger, W. (1997). Paideia. Santafé de Bogotá : Fondo de Cultura Económica. pp. 19-29.

Buscar en este blog

Etiquetas de este blog

Este blog aún no tiene etiquetas

Categorías

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):