Trepé al castaño y observé sin pestañear la tela de araña adornada con pequeños abalorios de transparente rocío llenos de cambiante luz iridiscente, unos metros por debajo, un diminuto pinzón se despachaba con un reclamo nuevo.
El aroma de la arboleda llenaba los resquicios del espacio a mi alrededor y la rugosa corteza diseñaba variados dibujos en mi piel. Introduje una minúscula hoja en mi boca y paladeé el distinto e intrínseco sabor.
En pocos minutos disfruté de cinco universos que se me presentaron como infinitos para mis primeros seis años de vida...
© 2008 balmyz.
¿Por qué será, mamá, por qué será
que el mosquito pica y después se va?
¡No sé, José, no lo sé,
quizá porque la gana se le dé!
Entonces, mamá, ¿por qué será
que zumba de noche cuando no se ve?
¡No sé, José, no lo sé,
quizá porque músico se sentirá!
Entonces, mamá, ¿por qué…?
¡Basta José de preguntar por qué!
Pero mamá, si no pregunto por qué
¿cómo aprenderé?
Llueve o mejor dicho, es un cernidillo, hace horas que los tenues pinceles de agua dibujan un suave diseño húmedo y brillante sobre el césped del patio.
Degusta largamente la soledad.
No, no se siente solitario.
El peso de las nubes que ocultan la corola radiante del sol lo apesadumbra, pero no, tampoco está triste. Es como si un edredón de melancolía acogiera su espíritu deshilachado y hueco.
¿Cómo llamar a esta sensación?
Es un dulce dolor, una quieta realidad que aturde la mente.
Hay un medio de quebrar este imbricado de contraposiciones.
Busca en la biblioteca, allí a la izquierda, sobre el estante pequeño y bajo la etiqueta Poemas-Ficción encuentra un ya ajado opúsculo: Israfel.
Fresca y estimulante brisa.
Adiós al peso de las nubes, adiós al edredón de melancolía. En alas del ángel cuyo corazón sensible resuena como el encordado de un laúd, surcando el cielo envuelto en la más dulce voz de entre las criaturas creadas vuelven la alegría, el solaz y el contento.
© 2008 Balmyz.

En algún lugar recóndito me encontraba acurrucado.
De pronto comenzó…
No podía negarme a aceptar la compulsión de enfrentarme a todo, sin reservas.
Pero no era fácil.
¿Temía?
Pues sí, ¿que otra cosa podía ser ese temblor interior?
Observé la luminosidad exterior y decidí arrostrarla.
Allí estaba, eso que llamaba «yo», envuelto en vapores de pánico, casi sordo por los aullidos del eco de mis pensamientos, enfrentando a «nada».
¡Locura de ser!
¡Maravilla de pertenecer!
¡Estoy vivo! ¡He nacido!
© 2008 Balmyz.
Escondido, pero a mano, aguarda su corazón.
Se escucha su latido en noches de luna llena, cuando las estrellas más brillan
y el lobo patrulla por la ciudad.
¡Jauría de alegría encerrada tras sonrisas!
Una mirada. Un guiño.
Y la boca se entreabre dejando escapar la sorpresa.
Quién esté tras esa puerta que llame, ha llegado a su hogar.

Texto © Rocío García Algora (Kaliro)
¡Me pertenece!, me digo con tozudez.
No quiero perderlo.
Pero no es posible detenerlo.
Su existencia es pura energía,
se disuelve en mi interior
para volver en una bruma coalescente
Quiere ver la luz, lo merece…
No por sus cualidades sino tan sólo por ser.
Lo aferro con tenacidad pero ya es tarde, aquí está:
Es mi microcuento.
© 2008 Balmyz.
Sobre este blog...
Diario íntimo, filosofía profunda y llana, de_mente errante y escritura en desvarío y rácana.
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