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Cuentos y paremias

Aria | 10 de Mayo 2008

 

 

Como parte del mismo silencio inicial y sin solución de continuidad los suaves acordes musicales que provienen del pozo de la orquesta comienzan a llenar los espacios del silencio y la expectativa trae aparejada un ansia imposible de colmar.

 

Beniamino susurra las primeras palabras de “E lucevan le stelle”: el tenue caminar de Floria sobre la arena, el crudo rechinar del portillo del huerto, la insoportable espera del encuentro y el febril movimiento de las manos de Mario retirando los velos que ocultan la gentil figura, todo, todo vaticina la presencia del AMOR

 

Ese perfume, ese hálito intangible que convierte la sangre en ríos de lava ardiente y enciende los rescoldos ígneos del corazón fundiendo dos pasiones en una cumbre extática y arrastrando tras ella a la audiencia en una vicaria mística de placer, delectación y pertenencia. Allí estamos inermes ante la apoteosis de este sentimiento que nos aniquila y nos da vida, dejándonos exhaustos, consumidos por una experiencia que anhelamos repetir.

 

© 2008 balmyz.

¡¿Qué?! ¡¿Afuera?! | 06 de Mayo 2008

Elfo

 

...El silencio en mi mente me despertó.

¿Estoy dormido todavía?, me pregunté, luego vi la luz del día filtrándose por las ventana y escuché los acostumbrados sonidos de la casa, pero...

... en mi mente: SILENCIO. Una quietud aterradora, ni siquiera una sola nota de «Vesti la giubba» o «E lucevan le stelle» en la tembleque voz de Elfo.

Luego de tanto tiempo con él viviendo allí adentro me acostumbré a toda la conmoción que produce este incontrolable bribón y la inesperada calma me turbaba profundamente.

Comencé a recorrer mi mente mirando debajo de algunas nociones desparramadas por el suelo, en los archivos y carpetas con creciente alarma, llegué a perturbar algunas ideas, arregladas alfabéticamente y con una pequeña etiqueta que rezaba:«psueamm» (para ser usadas en algún momento mañana), resultado del trabajo de Elfo, de su concepto del orden y del tiempo, ¿quién lo entiende?, pero ni señas de él.

Junté todas mis fuerzas y grite silenciosamente con mi voz mental: ¡EEEEELFO! estaba frenético y desesperado. El ruido que hacía yo mismo casi me hace perder el pequeño sonido que me llegaba desde muy lejos: ¡veeeeeennngooooo!.

¿Qué era eso? ¿vengo? pero ¿de donde viene? Mi mente está cercada por sólidas paredes, como todas las otras mentes en el mundo, no puede ser que Elfo estuviera viniendo, debiera estar «adentro»... y yo estaba razonablemente seguro que no estaba dentro de mi mente, creo.

Tengo que reconocer que es una mente algo desordenada (producto de la acción de Elfo, no mía) pero yo ya había patrullado todos los lugares posibles de pared a pared varias veces y no pude ubicar al desgraciado duende. Y pensándolo bien, ¿cómo ingresó a mi mente? ¿Ya venía puesto? Está allí desde que tengo memoria. Siempre asumí que había nacido allí junto conmigo. Me encontraba totalmente confundido.

Unos segundos después, la pequeña voz, esta vez un poco más fuerte: ¡veenNNGO! y allá, desde un oscuro recoveco de la pared más lejana aparece la pequeña figura de mi Némesis.

–Tú –tartamudeé–, tú, ¡pedazo de una pequeña bestia deslucida y contrahecha! –A veces suelo ser muy creativo en mis insultos. –¿Donde te escondías? ¿Cómo te puedes esconder dentro de mi mente? ¡Revisé toda el condenado lugar de arriba a abajo y te movías tan rápido que no pude encontrarte!

–Tranquilo, incoherente –me dijo–, si sigues así te va a dar un ataque.

–Quiero hacer un nudo marinero con tu esmirriado cuello.

–Vamos, hombre –contraatacó–, ¿qué te hace pensar que soy de tu propiedad? ¡Puedo hacer lo que quiera y no le tiene que importar a ningún nadie! –sonaba muy enojado y cuando se enoja se olvida de la gramática, si es que alguna vez aprendió alguna.

Tuve que reconocer que tenía razón, mi enojo provenía del temor que me daba la certeza de que me había abandonado. ¿Pueden creer eso? Me agrada el pequeño engendro y no concibo la vida sin él.

–Bueno, bueno –le contesté dejando escapar vapor–. Pero ¿dónde te habías escondido?

–No estaba escondido...

–¿Cómo puede ser?

–No debería decirte esto pero la verdad es que el que no puede abandonar su mente eres tú. Yo puedo salir e ir a visitar a mis primos que viven en otras mentes o salir al Universo y compartir mi tiempo con otra... bueno, digamos, gente.

–¡Me estás tomando el pelo!

–¡¡No, no es así!!
Se dio vuelta y asiendo la idea más grande que encontró a mano envolvió su pequeña figura dejándome solo y totalmente confundido.

Dijo que estuvo «afuera». ¡¡¿Afuera?!! ¿Es esto posible...?

 

© 2008 balmyz.

Alter (por Kaliro) | 02 de Mayo 2008

 

 

Alter

El corazón estrechó la mano del alma ajena. la incertidumbre abrió la ventana y comenzaron a penetrar los primeros tímidos rayos de luz a través de la palabra. Los haces acariciaron con suavidad el lado oscuro. El aire llenó, llena, de vida esta habitación retirada. Comenzaron a nacer las sombras. La intimidad se muestra serena y crea caminos donde tan sólo existían dunas. Acercamiento. Deshielo. Complicidad.

La mirada se vuelve humana y partícipe del diálogo. La sonrisa se muestra continua. Pequeños momentos de mimo alientan en los primos pasos titubeantes. La indiferencia queda muda. Y sorda. Ya formas parte de mí. Todo gesto, palabra, suspiro...me toca, me abraza, me envuelve. Y el abandono me duele. Eternidad son los silencios, ausencia las miradas que se encuentran y no dicen nada. Una sola luna puede hacer virar todo, más siempre queda la virtud ante la inclemencia. Y la voluntad.

No hay actitud que luche por encontrar el rumbo que sea inane. Ninguna búsqueda de casualidad es baladí. El aire puede estar cargado de vapor, pero es aire. Dificulta, pero no asfixia. Ni oportunidades, ni segundas partes, simplemente el reencuentro tras una breve despedida. La pérdida es sentirse inmune frente al harén de sentimientos. Mas yo siento...y puedo escuchar un susurro lejano que lentamente acorta distancias.

Ante el baleo de vacíos el destino siempre se alzará faccioso y sólo un NO podrá sepultarle

 

Kaliro Texto © Rocío García Algora (Kaliro)

 

El electrón accidental | 30 de Abril 2008

 

 

Elfo se sentó cómodamente entre dos de mis mejores pensamientos. Desde que lo encontré viviendo en mi mente siempre usa los mejores sitios para ubicarse.
–Bien –dijo–. Adelante y cuéntame acerca del electrón accidental.
Casi le apunto a su error diciendo: –¿De modo que no sabes nada acerca de ello? –pero sabiendo que encontraría una respuesta para corregir el error, decidí seguir adelante, ordené mis pensamientos, esquivé su cuerpo, tomé el pensamiento de la izquierda y arranqué:
–En el comienzo...
–Eso suena bíblico –me indicó el duende.
–¡Deja de interrumpirme! –le grité.
Desplegó sus manos en un gesto conciliador y apaciguó mis axones.
–Bien –continué–. En el comienzo la Tierra era una sopa primitiva, magma y lava hirviendo en una masa única de fuego. Pavorosas tormentas rugían desde el brumoso cielo acompañadas de furiosos relámpagos y sonoros truenos. En este lugar infernal bajo una presión atmosférica indescriptible unas pocas partículas encontraron la manera de aproximarse y unirse creando un plasma que flotaba sin rumbo sobre la sopa y manipulado por poderosas fuerzas que interactuaban con él.
Era una pieza separada de la sopa pero nada más, la diferencia era estructural, una forma sin mente en un medio sin discernimiento.
Y entonces...
–¡¿Qué, qué?! –gritó el irrefrenable gnomo.
–Entonces, un increíble rayo perforó la cargada atmósfera del planeta haciendo estragos en el tenue tejido de gases que formaban el espacio entre la roca derretida y el pesado firmamento. La descarga de inmensa energía cuántica se produjo totalmente sobre el pequeño plasma que fue desperdigado por un electrón que accidentalmente se desprendió de la ígnea masa que descendía arrollándolo todo a su paso.
La fuerza de reacción retrajo el conglomerado plasmático nuevamente a su forma inicial pero esta vez rodeándola con un nuevo y calificado medio ambiente desconocido hasta es momento. En este nuevo entorno y como efecto directo del inconcebible monto de energía descargado unido a las caóticas características del planeta, este electrón casual pudo crear un espeluznante y maravilloso nuevo ser.
Ahora existía el mismo medio irracional de roca derretida pero flotando solitaria en esa atroz superficie planetaria había una nueva VIDA preparada para ascender la escalera de la evolución.
Elfo estaba aturdido.
Era la primera vez que lo veía quedarse sin palabras, no podía encontrar una expresión para demostrar que sabía lo que yo estaba diciendo o peor aún, inventar un comentario colorido para hacerme sentir que sabía todo esto.
–Pero, pero –balbució. –Luego de un terrible esfuerzo pudo farfullar la primera cosa que le vino a la mente, si es que tiene una.
–Pero, ¿donde estaba Dios?
–¿Dios? –repetí tontamente.
–Pues, no lo sé –respondí y agregué honestamente confundido. –¡Quizá Él arrojó el rayo!

 

© 2008 balmyz.

Mundos | 25 de Abril 2008

Trepé al castaño y observé sin pestañear la tela de araña adornada con pequeños abalorios de transparente rocío llenos de cambiante luz iridiscente, unos metros por debajo, un diminuto pinzón se despachaba con un reclamo nuevo.

El aroma de la arboleda llenaba los resquicios del espacio a mi alrededor y la rugosa corteza diseñaba variados dibujos en mi piel. Introduje una minúscula hoja en mi boca y paladeé el distinto e intrínseco sabor.

En pocos minutos disfruté de cinco universos que se me presentaron como infinitos para mis primeros seis años de vida...

 

© 2008 balmyz.

Tontería infantiloide | 19 de Abril 2008

¿Por qué será, mamá, por qué será
que el mosquito pica y después se va?
¡No sé, José, no lo sé,
quizá porque la gana se le dé!
Entonces, mamá, ¿por qué será
que zumba de noche cuando no se ve?
¡No sé, José, no lo sé,
quizá porque músico se sentirá!
Entonces, mamá, ¿por qué…?
¡Basta José de preguntar por qué!
Pero mamá, si no pregunto por qué
¿cómo aprenderé?


© 2008 balmyz.

Balance ideal | 16 de Abril 2008

Todas las mañanas al levantarte acércate al espejo y dite:
«Soy el mejor, el único, no hay otro como yo»
Si logras sostener tu mirada por 15 segundos sin prorrumpir en carcajadas, tu autoestima goza de buena salud. Si no lo logras, tu humor es perfecto.


© 2008 balmyz.

Interrogante | 15 de Abril 2008

 

 

¿Qué hay detrás de una sonrisa?


© 2008 balmyz.

Juicio y prejuicio | 14 de Abril 2008

 

Una de las costumbres más aferradas a nuestro modo de vida es el abrir juicio basados en prejuicios, en esta corta oración podemos encontrar el misterio de compartir en su más clara acepción.


Antes de juzgar a una persona, camina
tres lunas con sus mocasines
.


© 2008 balmyz.

Elfo | 12 de Abril 2008

Me dije en voz alta:
–Existe la teoría acerca del «electrón casual» o para decirlo más científicamente del «electrón accidental».
Elfo que habita mi mente se mostró anonadado, lo que es una ocurrencia muy poco común dado que siempre parece saber todo de todo. Tratando de ganar asidero antes que se sobrepusiera, continué:
–¿Has oído acerca de eso?
Aunque era evidente que no sabía de qué estaba hablando se recompuso rápidamente y dijo:
–¡No es importante!
Me sentí molesto, ¿es que nunca reconocerá que no sabe algo?
–Bien, –le desafié –entonces no vale la pena conversar sobre el tema.
No recibí respuesta.
–Sin embargo es un tema interesante, –proseguí tratando de quebrar su resistencia.
Silencio.
–¡Malhadado enano! –pensé muy quedo. A veces es difícil hablar conmigo sin su intervención. No quería que me escuche.
–¿Estás allí? me dí por vencido al fin. –¿Por qué el silencio?
–Estoy meditando, –me dijo.
Meditando, meditando, donde, por la madera de la puerta principal de acceso al Infierno, encuentra estas palabras. ¿Qué tiene en contra de «pensando». ¿No es lo mismo? Bien, pero apuesto a que no conoce la diferencia tampoco.
–¿Acerca de...? –pregunté, como siempre estaba poniéndome los nervios de punta.
–La teoría del electrón accidental. –Dicho así como al pasar.
–Dime lo que sabes de ella. –«Te agarré» pensé.
–No, me respondió, –es mejor que tú lo cuentes, de ese modo puedo hacer las correcciones pertinentes.
Así estamos, Nunca le puedo ganar. Me conoce mejor que yo mismo. A veces creo que conoce mis pensamientos antes de que los piense.
–Bien, –dije, –veamos, todo comenzó...
–Espera, –me interrumpió, y se acomodó confortablemente entre dos de mis ideas, hundiéndose en el lugar como si fuera un suave sillón.
–Cierra aquí y comienza de nuevo. –dijo satisfecho.
Así lo hago...

© 2008 balmyz.

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