24 May 2008
Es increíble que la necedad y la estulticia sean partes tan cercanas a la esencia humana.

© 2008 balmyz.
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Diario íntimo, filosofía profunda y llana, de_mente errante y escritura en desvarío y rácana.
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Hay 4 comentarios
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Kaliro | 28/05/2008 (11:36)
Y cuanta verdad hay en esa afirmación. Ahora sí, en algunas ocasiones aprendemos a mirar lo realmente importante y relativizar o no prestar atención aquello que no la tiene.
balmyz | 28/05/2008 (21:43)
La experiencia, nuestra o si somos hábiles, también la ajena, puede darnos los elementos de juicio necesarios para lograr comprender qué cosa es importante.
Por otro lado como ladrillos de una pared la idiotez y la necedad también son parte de la humanidad. Quizá la única distinción clara entre un idiota y un necio es que el primero no sabe de su disfunción mientras el segundo se regodea en ella. Y como todo en esta vida se necesitan a ambos para darle forma real al ser humano.
visualmilenio | 26/07/2008 (16:27)
La necedad es enfrascarse en un juicio falso o verdadero, dependiendo si los otros están en lo correcto o no.
Cuando el prusiano Nicolás Copérnico afirmó en su modelo heliocéntrico del universo que el sol era el centro del sistema y no la tierra, los científicos de aquella época lo tildaron de necio y tal vez hasta de loco.
La necedad viendo desde una óptica subjetiva u objetiva difiere, para muchos, viendo el ejemplo del dedo y el círculo...el dedo es el inicio y el círculo el final, la vista recorre ambas imagenes, la connotación es clara, fuimos educados según los canon que nos impusieron en nuestras sociedades.
Para las Matemáticas son dos puntos equis distantes, bueno, necedad mía o necedad antropológica.
balmyz | 26/07/2008 (22:41)
Hola visualmilenio
Gracias por tu comentario.
Es verdad; no debiera ser considerada mala la existencia de la tontería o la necedad, todo es parte de nuestra naturaleza humana y al rechazar lo que consideramos «malo», «incorrecto», «tonto», «necio» y cuantos otros adjetivos se nos ocurran que califiquen lo que no cumple con la perfección humana sólo olvidamos la necesidad de lo imperfecto para cuantificar lo perfecto. Eterna contradicción a la que dio vida el pequeño mordisco. Estamos condenados a ser buenos, si conocemos lo malo, a ser santos solamente cuando la malevolencia que habita en nosotros redefina los límites de ambas valencias. Increíble, maravillosa y bendita condena. No se me ocurre mejor estado de cosas para un espíritu que debe entonar su alma al son del laúd y de la voz de Israfel.
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