02 Abr 2008
El conquistador marcha con paso firme sobre el litoral. Ya casi no queda defensa en la diezmada tribu. Los guerreros se apretujan al cuerpo sin vida del último cacique. ¿Qué harán? ¿Quién puede tomar el mando?
Desde el fondo del bosque surge una pequeña figura, una niña casi, con rictus de dolor se acerca al inerme cuerpo de su padre, le hacen lugar, se arrodilla y colocando una flor sobre el pecho del difunto recita: ¡Tu muerte no quedará impune, padre! Los hombres se inquietan, ¿cómo?, ¿qué promesa puede hacer esta pequeña mujer? pero ella levanta su figura y con el brazo en alto grita: ¡Venganza! Los hombres se sienten arrastrados por esa fuerza, ¡ya verá el invasor! Y el empuje de la casi niña hace temblar al extranjero, el arrojo y la valentía son compañeros inseparables de nuestra heroína.
Las fuerzas invasoras son poderosas, al final logran apresar a la pequeña y en una muestra de crueldad para dar escarmiento se decide arrojarla a la hoguera. Un árbol pobre de hojas y sin brillo sirve de estaca. La noche observa impasible el atroz tormento y el alba asombrada vio al fuego y al pobre cuerpo femenil convertirse un una roja corola que al cubrir la copa del árbol lo transforma para siempre en el recuerdo de un alma valiente al ver erguirse sobre la tierra un ceibo en flor.

Versión libre de una narración de Antología de Leyendas Sudamericanas.
© 2008 Balmyz.
Sobre este blog...
Diario íntimo, filosofía profunda y llana, de_mente errante y escritura en desvarío y rácana.
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