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CIENCIAS NATURALES, LAS CIENCIAS DE LA VIDA

23 Jul 2008

Obesidad | 23 de Julio 2008

La Organización Mundial de la Salud la considera la epidemia del siglo XXI. ¿Mala alimentación? ¿Vida sedentaria? ¿Cuáles son las causas? Un informe para entender por qué es tan importante prevenirla. Y las últimas novedades de la comunidad científica internacional.

Noticias locales
“En la Argentina no tenemos muchos datos para la comparación del aumento de este trastorno en los chicos. Pero si uno se refiere a la práctica cotidiana y a los estudios científicos que diferentes grupos de investigadores han realizado, aun siendo parciales, vemos un considerable aumento de la obesidad y del sobrepeso”, manifiesta la doctora Norma Piazza, Secretaria del Comité de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Y agrega: “En 1995, el Ministerio de Salud de la Nación hizo un relevamiento del estado nutricional de los niños menores de cinco años que consultaron para la atención en diversos centros de salud. Para esa franja etaria, la OMS prevé un 2,3% de obesidad, sin embargo, detectamos un 5,5% de casos. Ese mismo año, la provincia de Buenos Aires realizó un relevamiento con la misma metodología y detectó un 6,7% de casos, que treparon hasta el 7,5% en 2002. Pero es importante aclarar que siempre se trata de muestras sesgadas, ya que consideramos a los chicos que asistieron a consulta y no tenemos acceso a la información correspondiente al resto de la población”.
En estos tiempos que corren y teniendo en cuenta el modelo de belleza que se impone, vale la pena aclarar la diferencia entre los que lucen ‘unos kilitos de más’ y las personas que son clínicamente obesas. “La obesidad es el incremento en el porcentaje de grasa corporal cuyo monto y distribución condicionan la salud del individuo. Cabe destacar que no todo aumento de peso es considerado obesidad, puesto que puede estar producido por la suba de otro elemento o tejido corporal (agua o masa muscular). Son obesas aquellas personas adultas con un índice de Masa Corporal (IMC=peso/talla al cuadrado) superior al 25 o 30%”, define el médico nutricionista Daniel De Girolami. En el caso de los chicos, los indicadores son diferentes y cambian con el sexo y la edad: el porcentaje del peso en relación a la talla. Entre el 110% y 120% es sobrepeso y más de esa cifra, obesidad.
Los profesionales agregan que existen distintos tipos. “Según su origen, se distingue entre primaria y secundaria. La primera, que es la más frecuente y la que está creciendo en forma alarmante, tiene que ver con el medio ambiente y el factor más fuerte de influencia son el estilo de vida y la alimentación. La segunda surge como consecuencia de trastornos genéticos o glandulares y el porcentaje de estos casos es muy bajo”, apunta Piazza. Además, se llama visceral o central a aquella en la que la grasa se acumula en el abdomen; generalizada, cuando está en todo el cuerpo; y periférica, en los miembros como glúteos y muslos.

Es preferible...
Según desmuestran las estadísticas mundiales, el 40% de los niños que se recupera recae durante los primeros 12 meses. Y el 80%, al cabo de dos años. “Por eso, lo más importante es la prevención. Desde el nacimiento, promoviendo la lactancia materna. Luego, cuando comienza la alimentación, cuidando que sea dada en tiempo oportuno (desde los seis meses) y de calidad adecuada (sin exceso de sal ni de azúcar)”, razona Piazza. De Girolami concuerda y agrega: “Para evitar chicos obesos los padres nunca deben usar la comida como premio o castigo. Expresiones como ‘no te levantás de la mesa hasta que no termines el plato’ o ‘hay chicos que no tienen qué comer y mirá la comida que dejas’ o la clásica ‘no llores que mamá te va a dar algo rico y se te pasa todo’, son nefastas para el subconsciente. Tarde o temprano, frente a cualquier situación que nos moviliza, brota el deseo de ingerir aquello que en la infancia nos producía tanto placer”.
A la hora de combatir la obesidad, resulta imprescindible revertir las conductas que son nocivas: mejorar los hábitos alimentarios y aumentar la actividad física. “Para lo que se requiere el compromiso de toda la familia, porque en definitiva, los chicos no son los que cocinan ni los que hacen las compras. Lo que se trata es de llevarlos a que mantengan una alimentación normal, no restrictiva. Tampoco se busca llegar al peso ideal sino al aceptable”, destaca la doctora, además de hacer hincapié en la diferencia entre lo que llamamos estilo de vida –relacionado con el individuo– y modo de vida –la sociedad es responsable–. “Es preciso tomar medidas sociales. A la familia se le hace difícil sostener ciertos hábitos cuando en la escuela y desde los medios de comunicación se emiten mensajes opuestos. Por otro lado, los municipios no generan espacios apropiados para la recreación. ¿Cómo hacen los papás para fomentar las actividades al aire libre, cuando la inseguridad hace que no puedan quedarse tranquilos, si dejan a sus chicos solos jugando en la calle? Y en cuanto a la alimentación, el consumo de frutas y verduras desde etapas precoces es importante, pero en muchas zonas de nuestro país también resulta restrictivo por un tema de costos, lo mismo que sucede con aquellos alimentos que tienen menos contenido en grasa: son más caros. Se necesita el compromiso de todos”.

Ultimas novedades
La primera noticia llegó desde Europa hace algunas semanas, cuando un grupo de investigadores anunció un descubrimiento que ayudaría en la lucha contra la obesidad. Según publicó la Academia de las Ciencias de Estados Unidos, se trata de una proteína llamada retinoblastoma (pRB): su presencia hace que las células adiposas acumulen energía, pero su ausencia, logra que se transformen y quemen energía. Las primeras forman tejido adiposo blanco y las segundas, tejido adiposo marrón. ¿Cuál fue el procedimiento? Tras observar su accionar en probeta, hicieron la prueba con ratones de laboratorio. Ahora intentarán averiguar cómo eliminarla del organismo.
Pero no fue la única novedad relacionada con el tema. Dos trabajos publicados en la revista Science, de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias, comenta los adelantos en la investigación del accionar de la hormona leptina, descubierta hace ya diez años por Jeffrey Friedman (*). Esta hormona, que sería la encargada de regular el apetito de las personas, actúa sobre los circuitos del cerebro que regulan las ganas de comer. Y el nuevo dato es que se trata de una acción temprana, es decir, que sucede durante los primeros años de vida de cada individuo y determina el volumen de ingesta que tendrá durante su adultez. El tejido adiposo es el encargado de producir esta hormona que luego viaja al cerebro y a otros tejidos a través de la sangre.
En ambos casos, falta determinar exactamente cómo y en qué tratamientos podrán aprovecharse estos descubrimientos. Sin embargo, los científicos aseguran que es un paso fundamental en la lucha contra esta epidemia que crece día a día.
(*) Uno está comandado por el mismo Friedman, del Instituto Médico Howard Hughes de la Universidad de Rockefeller, Estados Unidos; y el otro por Richard Simerly y Sebastian Bouret, del Instituto de Investigaciones en Primates de Oregon, también en Estados Unidos.

Por Einat Rozenwasser
REVISTA NUEVA

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