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Una imagen y mil palabras

Si una imagen vale más que mil palabras... ¿cuánto vale una imagen y mil palabras?

Feliz Navidad... ¿y tú de quién eres? | 24 de Diciembre 2007

Será por tratarse de la primera Nochebuena que me toca venir a trabajar por lo que me he levantado sintiendo especial simpatía hacia quienes comparten conmigo esta dicha y, quizá por ello, me he acordado especialmente del bueno de Papá Noel, Santa Claus, Viejito Pascuero,Colacho... o el mal llamado "gordito de Coca Cola", porque raro es el que no tiene el típico amigo que se tira el rollo cultureta y te cuenta la historia, cargada de valores e integridad moral anti-consumista (fin del sarcasmo), por la que él/ella prefiere los Reyes Magos a Papá Noel porque este último es un invento comercial de una marca de refrescos... Bueno, nada más lejos de la realidad, la figura de Santa Claus surge a partir de la historia de diferentes personajes y tradiciones que han ido derivando y extendiéndose con el tiempo.

  • El primero de ellos es Nicolás de Bari que vivió en Turquía cerca del año 300. Tras la muerte por peste de sus padres, se ordenó sacerdote y repartió sus bienes y atenciones entre los más necesitados y afectados por la misma enfermedad que le dejó huérfano.
  • El nombre original fue derivando en sus correspondientes adaptaciones a otros idiomas y culturas; Pyhä Nikolaus en Finlandia o Sinterklaas, patrón de Holanda cuya festividad se celebra entre el 5 y el 6 de diciembre
  • Cuando los colonos holandeses fundaron la ciudad de New Amsterdam (actual Nueva York), llevaron consigo sus tradiciones y, con ellas, la figura de Sinterklaas, que derivó en la versión anglosajona de Santa Claus.
  • De EEUU volvió a Inglaterra y, de ahí, a Francia, donde recibió el nombre de Bonhomme Noël, que derivó en nuestro Papá Noel, adaptado a nuestro alfabeto.

A medida que fue creciendo la historia, la leyenda y la tradición de este personaje que se iba internacionalizando y unificando en una misma figura, su imagen se empezó a moldear a comienzos del siglo XIX, con el relato "Historia de Nueva York" (Washington Irving) y un poema posterior de Clement Clarke Moore. La primera aportación gráfica llegó de manos del sueco Thomas Nast a mediados de ese mismo siglo. A principios del siglo XX, Lyman Frank Baum escribió "Vida y aventuras de Santa Claus" incrementando con ello la leyenda del ya extendido personaje y, ya en 1931, sí que es cierto que Coca-Cola redibujó su imagen, partiendo del diseño de Nast, para una campaña publicitaria.

En cualquier caso, os invito... bueno, os animo más bien, a que vayáis a hacerle una visita vosotros mismos a su casita y fábrica de juguetes. Vive en un sitio mágico, en la región lapona de Finlandia, cerca de la ciudad de Rovaniemi, sobre la mismísima línea del Círculo Polar Ártico. Allí descubriréis un adorable anciano rechoncho de 2 m de altura y una vozarrona, acogedora eso sí, que os dará la bienvenida... además os regala monedas de céntimos finlandeses, que son difíciles de conseguir, aunque os cobra casi 20 euros por haceros una foto con él

Y, si no, siempre nos queda Internet y sus webcams:
http://www.santaclauslive.com/

Un invento de Coca-Cola... desde luego... comemos turrón, nos hacen regalos y nos dan días de vacaciones ¿de verdad vamos a rivalizar entre Papá Noel y los Reyes Magos? Yo, de hecho, propongo que cada Rey Mago venga un día distinto y, si aún nos saben a poco las vacaciones, que nos inventemos otros 3 ó 4 personajes más a ver si lo alargamos hasta febrero

¡¡¡ Felices Fiestas !!!

PD: Yo personalmente soy más de los Reyes que de Papá Noel, aunque prefiero el arbolito al Belén... ¿y vosotros?

Arco iris y compañía, alucinando en colores | 18 de Diciembre 2007

Luz y reflejos os decía hace poco... la verdad es que existen infinidad de ingeniosos artilugios para alterar las condiciones de luz de una fotografía pero, qué queréis que os diga, las cosas cuando surgen por sí solas, de forma espontánea y natural, son incomparablemente más vistosas y espectaculares.

Así por ejemplo, no deja de sorprenderme lo que un rayo de Sol puede hacer en compañía de una diminuta gotita de agua porque, al fin y al cabo, un arco iris nunca deja de ser bonito pero, es que además, hay mucho más...

Para ir describiendo todos los fenómenos ópticos producidos bajo según qué condiciones de luz y partículas de agua en el aire, tenemos que situar siempre tres elementos en el escenario y tener en cuenta sus posiciones relativas entre sí: el Sol (como fuente de luz), las partículas de agua (líquidas, vapor o hielo como elemento que produce la reflexión, refracción y difracción) y nosotros mismos, claro, los que observamos el efecto producido y hacemos fotos como locos

Arco iris

Raro será que no hayáis visto todos alguno... desde luego es el efecto más habitual después de un buen chaparrón. Los rayos del Sol atraviesan las partículas de agua que aún permanecen en la atmósfera y despliegan y proyectan el abanico de colores a nuestra espalda. Con un poco de suerte, es posible ver el arco completo con sus dos extremos... sería una buena razón para parar el coche en el arcén y hacer unas fotillos si os pilla de viaje ¿no?

Arco iris doble

Si ya es bonito uno, ración doble de colores... Puede suceder que el espectro de luz que produce el arco iris sencillo, el habitual, atraviese una segunda capa de partículas de agua y se arroje, por tanto, un segundo arco iris exterior al primero, más tenue y con los colores invertidos (el rojo en el interior en lugar de en la parte externa).

Halo

Se diferencia del arco iris en dos aspectos fundamentales, primero que las partículas que lo producen no son líquidas sino pequeños cristales de hielo (por lo que es un fenómeno más propio de lugares fríos) y, en segundo lugar, que el efecto se proyecta entre el Sol y el observdor, y no a nuestra espalda como sucedía en el caso del arco iris. Apenas se distingue color, pero es un fenómeno muy curioso.Una curiosa variante es el halo lunar producido, como su propio nombre indica, por la luz que refleja la Luna... más tenue, sin color, pero más sencillo de ver en latitudes no tan polares, lo que es un punto a su favor, todo hay que decirlo.

Parhelios

Su origen y formación es muy similar al de los halos, pero en este caso se debe dar que, en torno al Sol, haya nubes cirroestratos, las cuales arrojarán el efecto óptico. Los parhelios se muestran como dos pequeños fragmentos de arcoiris verticales, como si fueran paréntesis rodeando el Sol.

Gloria

Se trata de un efecto similar a los halos, por su forma circular, y al arco iris, por sus colores. El principal "inconveniente" (y también su mayor peculiaridad y originalidad) es que el observador tiene que estar situado entre el Sol y las partículas de agua que lo producen... es decir, montado en un avión sobrevolando un espeso manto de nubes Una vez se cumplen los requisitos, podemos asomarnos por la ventanilla y ver la proyección del disco coloreado.La verdad, los días soleados a secas son un poco aburridos ¿no creeis?

Rayos y truenos, el premio de la paciencia | 12 de Diciembre 2007

Normalmente, la satisfacción que produce conseguir una fotografía es directamente proporcional a lo que cuesta lograrla. Aunque muchas veces el resultado puede no ser justamente apreciado o valorado por terceros, uno siempre tiene esa alegre sensación de haber conseguido su objetivo.

Hoy quería hablaros de la combinación explosiva que producen las fotos nocturnas, que en general llevan su tiempo de preparación y ajuste de la cámara, junto con la fotografía de acciones rápidas, que pueden dar como resultado desde la típica foto borrosa y movida hasta imágenes realmente curiosas y llamativas.

Y esa combinación no es otra que el intento de fotografiar un rayo en una tormenta eléctrica porque, puestos a fotografiar acciones fugaces, ¿qué mejor que un rayo? Para ello, será básico que se den un par de factores:

  • Que sea de noche. Por una sencilla razón, es una locura intentar capturar algo tan fugaz tirando fotos de día con tiempos de exposición de 1/125, 1/60... ¿qué probabilidad hay de que caiga el rayo justo durante esa fracción de tiempo? Debe de andar ahí rondándole a la de pillar un buen bote de lotería. Por tanto, necesitamos poca luz para poder usar tiempos largos, de varios segundos, y que sea más probable que el rayo caiga durante ese intervalo.
  • Que no llueva. Lo mejor es una tormenta eléctrica seca, sin lluvia, nos evitaremos que salga borrosa la foto y además no será necesario hacerla desde dentro de casa a través de una ventana, por el bien de la cámara y el nuestro propio en caso de lluvia.
  • Que la tormenta no esté justo encima de nosotros... por sobrevivir más que nada
  • S-U-E-R-T-E... básicamente suerte para que el rayo caiga donde estamos apuntando y mientras se está capturando la imagen... por lo demás, disparar una vez, y otra, y otra... y no desesperarse si el rayo cae fuera del encuadre o, como es habitual, justo después de que se cierre el obturador.

A lo largo de una hora es fácil tener 400-500 fotos, quizá con 8-10 rayos si hemos tenido suerte y quizá con 2-3 buenas... puede resultar frustrante, pero después de 3 años (y unas 5-6 tormentas con las características que os comentaba), hoy os puedo enseñar las fotos que aquí he incluido

Noruega y su reflejo, el doble de increíble | 10 de Diciembre 2007

Una de las cosas más divertidas que se puede hacer en fotografía, si no la que más, es jugar con reflejos, luces, contrastes, brillos...

A veces tenemos oportunidad de controlar de alguna manera las condiciones en las que la luz llega al sujeto que queremos fotografiar (reflectores, flash auxiliar, focos, filtros...); en muchas ocasiones, sin embargo, perdemos cualquier tipo de control y estamos limitados a buscar y esperar el momento idóneo del día para que el Sol esté situado donde más nos pueda interesar y, lo que es peor, condenados a la suerte de tener o no un día despejado (o no) que nos dé las condiciones de luz que convierten en algo excepcional una situación que, de cualquier otra forma, habría pasado quizá desapercibida.

No tener control alguno sobre las condiciones del escenario no tiene por qué ser necesariamente algo que lamentar; es verdad que cuesta ver pasar los días sin conseguir la foto que estamos esperando, pero cuando por fin llega el momento (y llega, siempre llega) uno se siente privilegiado y disfruta y valora lo que tiene delante.

Uno de los casos más increíbles que he visto de cómo la luz puede cambiar un mismo entorno lo conocí durante un viaje por los lagos glaciares de Noruega. Estos lagos, formados en su mayoría por el deshielo del glaciar Jostedalsbreen (más bonito de ver que fácil de pronunciar) se reparten por un sinfín de valles encajonados entre montañas cubiertas de nieve en cualquier época del año.


Recorrer esta región de Noruega en autobús supone, al margen de un empacho de kilómetros sinuosos, descubrir cientos de escenarios diferentes a medida que abandonas un valle, cruzas un túnel, y apareces en un lugar completamente diferente, hasta el punto de salir de un valle soleado y lleno de colores para entrar, apenas unos kilómetros después, en otro gris y lluvioso.

Los lagos heredan de su origen el color azulado que producen las grandes concentraciones de oxígeno del hielo glaciar y, en función de cómo reciben los rayos solares, se muestran cristalinos a veces, de un intenso color turquesa en otras, o incluso, cuando el viento colabora y deja las aguas en calma, como un gigantesco espejo.

Nunca dejéis de volver a un lugar porque ya hayáis estado antes, id en cada época del año, cada día y cada hora... o intentadlo al menos

Un poco más de Luna, que no falte | 07 de Diciembre 2007

Existen lugares especiales en el mundo, cada uno por mil razones diferentes, y las islas Lofoten (Noruega), sin duda, forman parte de esa lista privilegiada. A estas islas se llega principalmente en barco, recorriendo los aproximadamente 40 km que las separan de la costa noruega y, para amenizar el trayecto, nada mejor que disfrutar del avistamiento de ballenas orca que reinan las gélidas aguas.


Ver mapa más grande

El motivo de este post, sin embargo, no es tanto ensalzar las maravillas de este rincón polar del mundo (ya habrá ocasión), sino continuar un poco con el estilo de fotografía de la anterior historia, y cómo jugar con las proporciones entre los distintos protagonistas de la imagen.

Comparando las dos imágenes resulta muy sencillo descubrir el "truco", ya que la proporción Luna-montañas es la misma en ambos casos y el único misterio reside en engañar de alguna manera a nuestro cerebro, eliminando las referencias de tamaño a las que estamos acostumbrados. De esta forma, al hacer zoom sobre la escena original y sacar del encuadre el resto de montañas en planos más cercanos, perdemos la sensación de lejanía de las montañas bajo la Luna y ésta parece muchísimo mayor comparada con la cordillera.

El resto de la foto, sinceramente, no tiene más mérito que el de tener la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento justo. Durante el verano, en los lugares situados al norte del Círculo Polar Ártico, hay una época más o menos larga, dependiendo de cuánto más al norte del círculo polar esté el lugar en el que nos encontremos, en la que el Sol no llega a esconderse por debajo de la línea del horizonte (estas fotos están tomadas pasadas ya las once de la noche de un día a primeros de agosto). Esta circunstancia permite que siempre haya luz ambiental (más o menos intensa dependiendo de la hora del día y de las condiciones del clima) y que se reduzca el contraste que, de otra forma, habría entre la luz reflejada por la Luna y cualquier otro elemento del entorno bajo la oscuridad de una noche cerrada, lo que nos permite capturar con la misma nitidez y brillo tanto el paisaje como a nuestra querida compañera de viaje espacial. Dadas estas condiciones idílicas, coincidiendo además con Luna llena, uno no tiene más que salir de la tienda de campaña, enfocar, disparar y, sobre todo, disfrutar.

Sujétame el Sol, que se me mueve | 05 de Diciembre 2007

Por suerte o por desgracia, y me temo que más bien lo segundo, todos o casi todos vemos amanecer con cierta frecuencia en nuestra querida rutina diaria; pero claro, quién querría fijarse siquiera en lo bonita que puede llegar a ser la secuencia mientras se acomoda (o lo intenta al menos) en un rígido asiento de autobús o se deleita con las luces intermitentes de freno del coche que le precede en el atasco, por no hablar de los también afortunados viajeros del metro, quienes perciben el amanecer como ese misterioso fenómeno por el cual se suben al vagón de noche cerca de su casa, y aparecen de día junto al trabajo.

Quizá pueda parecer un tanto masoquista, pero algunos madrugamos incluso ciertos días de nuestras siempre escasas vacaciones y, a veces, hasta merece la pena.

Aquel día hubo que levantarse muy temprano; en verano, en la costa este de Cala Millor (Mallorca), amanece a las seis de la mañana. No era la primera vez que veíamos un amanecer, ni tan siquiera en el mar, así que, había que intentar hacer una foto diferente a las que ya tenía en la carpeta "amaneceres" para darle emoción al sacrificio.

Uno no se da cuenta de lo deprisa que se mueve el Sol (simbólicamente hablando para que me perdonen los astrónomos) hasta que no intenta que, de alguna manera, se quede quieto en un punto para situar el resto de elementos de la foto... quizá a las seis de la mañana uno no se mueve con la misma agilidad que lo haría a las doce del mediodía

El secreto de esta foto (paciencia, y esfuerzo por madrugar aparte) está en utilizar un tiempo de exposición rápido (para evitar que el brillo del Sol queme la imagen), una apertura de diafragma pequeña (para ganar profundidad de campo que nos permita enfocar al sujeto en primer plano y el contorno del Sol en el fondo) y, sobre todo, alejarse todo lo posible de la persona que "sujeta" el Sol (de ahí viene lo de "sujeto" ); de esta forma, la persona queda mucho más pequeña en relación a nuestro punto de vista, mientras que el Sol se ve exactamente igual, y así es cómo jugamos con la proporción sujeto-Sol. Una vez nos hemos alejado, hacemos zoom hasta donde nos permita la cámara (siempre y exclusivamente zoom óptico) y comenzamos a disparar mientras vamos corrigiendo la posición de nuestro paciente acompañante matutino a grito pelao (es el inconveniente de alejarse...).

Si todo va bien, y nuestro acompañante no nos retira la palabra por hacerle madrugar para hacer el numerito en la playa, ambos nos llevaremos un bonito recuerdo de un amanecer que pudo ser como cualquier otro.

Presénteme que me permita | 04 de Diciembre 2007

Tal vez la mejor forma de elegir el título de mi primer post no sea, desde luego, recurrir al guion de Austin Powers que, por cierto, poco o nada tiene que ver con el tema de este nuevo blog; sin embargo, siempre me ha hecho gracia esa película, y reirme es algo que me gusta incluso más que la fotografía y los viajes de los que pueda hablar y hablaré durante los próximos quien sabe cuántos días, meses...

Y ya que el blog hablará básicamente de fotografía, me gustaría empezar a introducir el tema con algo que lei en una ocasión:

Una fotografía es un 50% la luz (el lugar, el entorno, las condiciones...), un 30% el fotógrafo (su creatividad, su criterio, su composición, su encuadre...) y un 20% el equipo (la cámara, el flash...)

¿Y por qué tanto interés en la fotografía? Bueno ¿y por qué no?

La fotografía, al fin y al cabo, es la posibilidad de ver las cosas de otra forma, quizá no mejor ni tampoco peor, simplemente de otra forma; la posibilidad, incluso, de ver cosas que a simple vista no se ven y, sobre todo, el reto de intentar capturar esas imágenes y la satisfacción de conseguir el resultado.

En cualquier caso, bienvenidos todos a esta página que, poco a poco, iré llenando de imágenes y pequeñas historias relacionadas con las cosas de las que más disfruto. Espero contar con vuestras visitas y comentarios, compartiendo incluso, por qué no, aficiones en común y aprendiendo los unos de los otros de todo aquello que nos gusta y queremos seguir descubriendo que es, al fin y al cabo, lo que se nos ofrece dentro de Kalipedia.

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